Nelson tiene 19 años y destaca por ser un relaciones públicas, además de muy educado. «Lo primero que hace en cuanto entra en el instituto a primera hora de la mañana es preguntar a la conserje qué tal ha dormido», relata una de sus profesoras. Éste es el tercer curso de Nelson en el instituto Mendebaldea, el único centro de ESO de Álava con alumnos que, como él, tienen parálisis cerebral.
Nelson dedica la mañana a pintar un paisaje a base de pequeños golpes del pincel. Es el taller de pintura que imparte Paco Sánchez, profesor de Pedagogía Terapéutica y responsable de este aula a la que acuden otros siete adolescentes, tres de ellos, chicas.
«Se trata de que hagan algo diferente a lo que han hecho en la escuela, de darles ciertas habilidades para la vida diaria, siempre en función de las capacidades de cada uno», explica el asesor del instituto para este programa de necesidades educativas especiales, Pedro Izquierdo.
En la clase de al lado, Jon y Diego se dedican con Sara a la lectoescritura. Antes han practicado «la agenda». ¿De qué va a esta asignatura? «Se trata de recordar el día en el que estamos, la estación del año, de relatar con cierta soltura lo que se hace desde la mañana a la noche», explica la profesora.
Antes de la hora de la comida, los dos adolescentes salen en sus sillas de ruedas al pequeño jardín a regar las macetas que días atrás plantaron. Es otro de los talleres, junto al de carpintería y cocina que se imparten en Mendebaldea a sus alumnos más aplicados.
Porque cada brochazo que dan Nelson, Javi o Esti y cada fecha que recuerdan Jon, Diego es fruto de todo un esfuerzo, el mismo que hace Edma para hablar y expresar lo que siente. Para ayudarla, está el aula multisensorial, un espacio para estimular los sentidos a base de luces y música, además de para relajarse cuando las cosas no salen tan bien.
¿Cómo han acogido el resto de adolescentes de Mendebaldea a estos compañeros». «Con absoluta normalidad. Los ven como alumnos del centro y, en cierto modo, los protegen. También se trata de crear un espacio integrador en el que se acepte la diferencia», resalta Pedro Izquierdo.
Cuando cumplan los 20 años, estos jóvenes dejarán el instituto. Su nuevo destino serán los talleres especiales de empleo o los centros ocupacionales de la Diputación. Unos habrán adquirido más habilidades que otros, en función de sus capacidades. Pero esto no es secundario. «Lo importante es que se han relacionado. El primer objetivo es que vengan contentos y que sean felices», subraya Paco Sánchez. «Yo vengo encantado», apostilla el simpatiquísimo Jon.