-Usted es un firme defensor de las escaleras mecánicas en el Casco Viejo. ¿Entiende la oposición a las rampas?
-Es evidente lo bien que le van a venir. No, no entiendo la oposición para nada. El Casco Viejo tiene que entrar en el siglo XXI y hay que meter escaleras mecánicas, ascensores y hasta cohetes si hace falta. Por supuesto, respetando el patrimonio arquitectónico. Me pregunto si se hubiese planteado un referéndum sobre los Arquillos. Pues igual no se habrían hecho y seguiríamos discutiendo. Lo deseable en los proyectos públicos es consenso político y social. Pero si no lo hay, y el responsable político cree en la bondad del proyecto habrá que recurrir al despotismo ilustrado.
-Adolfo Domínguez ya ha comprado una lonja en la Correría para abrir su tienda. ¿Es el comienzo de algo?
-Me parece muy bien, pero lo que no se puede es ponerle dificultades después. Mira, al Casco Viejo habría que meterle un buen hotel, un centro comercial integrado en su arquitectura... Meterle actualidad, no dejarlo en un parnaso de postal. Y estoy en contra de una cosa...
-Adelante.
-... De esos proyectos arquitectónicos nuevos que imitan en el Casco Viejo las construcciones del siglo XVIII o XIX. Hay que facilitar que entre un Gehry en la zona. O un arquitecto de Vitoria con una idea estupenda para modernizarlo.
-¿Qué opina del proyecto cultural que prepara la Caja Vital en Betoño?
-Conozco poco y ojalá vaya de cine. Me parece que está un poco a trasmano, pero eso se puede resolver con unos sistemas de comunicación ágiles que plantee la propia Vital. Y lo que espero, tanto de la nueva línea peculiar que dará Xabier Arakistain a Montehermoso como de Betoño, es que tengan en cuenta la preexistencia de Artium para evitar coincidencias y competiciones.