Kripan no tiene tienda de ultramarinos, ni panadería. No hay farmacia ni escuela, ni caja de ahorros, ni equipo de fútbol. Comparte secretario y funcionarios municipales con otros pueblos. La falta de servicios se cubre con la venta ambulante o la buena vecindad, pero las puertas de sus casas siguen abiertas en un gesto ancestral de solidaridad, se elige al alcalde en asamblea antes de las elecciones y, sobre todo, no tiene parados.
Gorka Calleja, por ejemplo, no conoce la angustia que emana del desempleo. Reside en Kripan, feliz, en casa de sus padres, pero trabaja en la bodega Viña Almudena, con instalaciones en Elciego y Laguardia, desde hace seis años. Su biografía laboral transcurre sin más sobresaltos que los que le dan la estrecha carretera que recorre cada día entre su pueblo y la capital de la Rioja Alavesa. «Estoy muy a gusto», define él, mientras prueba una embotelladora.
El viñedo asciende
Gorka, como el resto de sus 192 convecinos, disfruta de un título honorífico que muchos envidian: el de ser la única localidad alavesa que ha llegado al pleno empleo, según los últimos datos del Instituto Nacional de Empleo. Otras cuatro le siguen en ese ránking de fortuna: Baños de Ebro, Lagrán, Villabuena y Zambrana, con un inscrito cada uno en las listas de desempleo. Como contraste, los 8.799 parados de Vitoria.
Varias razones explican este objetivo social tan importante. La pequeñez del pueblo, tercero de Álava con menos población, es uno. Otra es el buen momento del vino en la Rioja Alavesa, que ha alcanzado también a esta villa que siempre tuvo fama de «pobre y desheredada» en la comarca. Y es que las viñas por su altitud (690) se quedaban a kilómetro y medio del pueblo y los esfuerzos había que dedicarlos a otros cultivos y al ganado. «La treintena de agricultores que quedamos tenemos fincas de cereal, pero también viñedos aquí y en otros pueblos como Lanciego y Viñaspre. La viticultura ha favorecido que la gente ya no se vaya a Vitoria o Logroño en busca de futuro. Hemos parado la sangría de la despoblación. El que quiera quedarse tiene trabajo». Habla el alcalde Gonzalo Marañón (34 años) con voz pausada. No gobierna por política. «Estamos en el PNV por tradición», argumenta, pero la lista de concejales se elige en unas primarias en la que participa casi toda la villa.
Ventajas del pueblo
«Cuando necesitamos mano de obra para algunas labores de la viña o la elaboración, buscamos fuera porque aquí no hay nadie». Lo dice Eloísa Marañón, desde hace seis años administrativa en la cooperativa de San Tirso que elabora el vino de año Ponterva, aunque la mayor parte de la producción se vende a la bodega El Coto, de Oion. Beatriz Solano, por ejemplo, es de Elvillar. Ella se encarga de las labores de limpieza, del trasiego y de embotellar en la bodega. Ademá,s ejecuta todo tipo de tareas en la cooperativa de cereal y carga camiones con la pala. «Tenemos las ventajas de vivir en un pueblo muy tranquilo y la cercanía de Logroño. Quien quiere trabajar, encuentra algo enseguida», señala Eloísa.
En torno a una mesa del centro social de Kripan, el único lugar donde se puede tomar algo, Serafín Calleja (71 años), Koldo Fernández (71) y José Antonio Marañón (59) bromean sobre los tiempos duros del carboneo y sobre el cambio climático. Ellos son la memoria viva y recuerdan cuando «no se podía estudiar más que dos carreras: o pastor o fraile», rememora Serafín que fue de los que se quedó a cuidar ovejas desde los 12 años. Y es que llegó a haber hasta 120 estudiantes en seminarios y conventos de monjas y 18 'pastoricos', que cuidaban el ganado de todas las casas. «Había de todo, vacas, ovejas, cabras, cerdos, mulas. Y ahora no hay ni gallinas», lamenta Koldo.
Marañón tiene una teoría sobre el clima que todos comparten para explicar los cambios. «Para estas fechas ya había nevado dos veces. El grado de la uva ha pasado de 9,5 a 13. Aquí se vendimiaba hasta Todos los Santos. Y hora el 12 de octubre ya se ha terminado», explica el veterano agricultor.
Kripan tendrá nueva piscina el verano que viene. Los hijos de los nativos que se fueron durante el éxodo rural a las ciudades disfrutarán de muchas horas de sol, aunque aquí azotan también todos los vientos, sobre todo el norte. Pero los lunes, no hay nadie matando el rato en los bancos de la plaza. Lo dice el Inem.