Vitoria avanzará pasado mañana una zancada larga en su empeño por revalidar cada año el galardón que le distingue como ciudad verde. El próximo jueves comenzará a funcionar Biocompost, la nueva planta de residuos sólidos en Júndiz que tratará la basura orgánica producida por los ciudadanos para reciclar la aprovechable y 'limpiar' el resto antes de enviarlo al vertedero de Gardélegui.
Hace veintiséis meses, el diputado general y el alcalde colocaron la primera piedra. Pasado mañana los mismos Ramón Rabanera y Alfonso Alonso se encargarán de inaugurar la planta, cuyo plazo de ejecución se preveía en veintiún meses. La unión temporal de empresas formada por Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) y Cespa se ha encargado de levantar este nuevo paso en la recuperación y aprovechamiento de los desechos ciudadanos.
Biocompost ha costado 23 millones de euros, de los que el 60% (13,8 millones) han llegado en forma de fondos procedentes de la Unión Europea. El pacto institucional local acordó que la Diputación aportase cuatro quintas partes del resto (7,3 millones) y el Ayuntamiento, los casi dos millones de euros sobrantes.
135.000 toneladas al año
La planta que se abrirá oficialmente pasado mañana nace por la suma de dos necesidades acuciantes, liberar residuos en un Gardélegui saturado y buscar energías alternativas que no contaminen.
Júndiz recibirá al año unas 135.000 toneladas, la basura doméstica que acumulan vitorianos y el resto de habitantes del territorio histórico (121.000) y otras 14.000 de restos verdes (poda y jardinería). De ellas, Biocompost no transformará el 44%, cerca de las 59.000 toneladas, por la imposibilidad de reciclarlas. Pero, eso sí, esta cantidad de residuos marchará en camiones al vertedero «inocua, limpia de metales pesados, de papel y de plásticos», ha explicado a este periódico Félix Azpiri. El jefe de explotación de la planta añade que estos desechos «no olerán ni producirán gases».
La parte de basura doméstica sí recuperada se reutilizará como metales y plásticos, biogás y compost, un humus artificial obtenido por la descomposición bioquímica en caliente de residuos orgánicos. El mismo proceso de transformación producirá una energía equivalente al consumo de 11.000 personas durante un año, suficiente para las necesidades de la propia planta.