El último barómetro del CIS ha provocado una situación curiosa entre los partidos catalanes, que se achacaron entre sí -ERC e ICV, socios del PSC en el tripartito, a CiU, y viceversa- parte de la responsabilidad en el retroceso de las expectativas de voto del PSOE.
Republicanos y ecosocialistas interpretaron los resultados de la encuesta como la demostración de que la apuesta de Rodríguez Zapatero por CiU durante los nueve primeros meses del año no agrada a su electorado. «Todos los que decían que los socialistas recibirían el castigo de la sociedad por nuestra amistad -señaló Agustí Cerdà- deberían revisar sus opiniones».
El diputado independentista recordó que durante el tiempo que el PSOE se apoyó en las fuerzas de izquierdas para sacar adelante sus iniciativas, los barómetros del CIS le fueron más favorables. «Por tanto -dijo- ése es el camino a seguir».
En la misma línea, el portavoz de ICV, Joan Herrera, aseguró que los sondeos reflejan una «fuerte desmoralización» del electorado de izquierdas por las «políticas más moderadas» desarrolladas por el Ejecutivo junto a CiU. Por ello, emplazó a los socialistas a recuperar el rumbo marcado al inicio de la legislatura con leyes como la de la memoria histórica, de resarcimiento a las víctimas de la guerra civil.
Bien distinta es la interpretación de CiU. Su presidente, Artur Mas, sostuvo ayer en declaraciones a An- tena 3 que «el tipo de pactos que han hecho en Cataluña desconciertan al electorado socialista», y puso en duda «hasta qué punto el partido socialista está escogiendo bien sus socios» al optar por un partido que «se declara independentista catalán».