La huelga en la educación pública no universitaria trastocó ayer la rutina diaria de cientos de familias alavesas, que no tuvieron más remedio que aceptar «resignadas» la situación. Los más afortunados contaron con la ayuda de los siempre dispuestos abuelos, pero a muchos otros, en cambio, no les quedó más remedio que cuidar de sus pequeños o que llevárselos al trabajo.
JOANA ORTEGA
Padre Orbiso
«Me he llevado al niño al trabajo»
«A la fuerza ahorcan». Se suele decir como justificación de aquello que se hace de mal grado y contra la propia voluntad y, ayer, Joana Ortega tenía motivos más que suficientes para hacer uso del manido refrán. La huelga en la enseñanza pública no universitaria dio al traste con su rutina diaria y Joana, como cientos de familias alavesas, tuvo que agudizar el ingenio para poder compaginar familia y trabajo. Sin posibilidad de recurrir a los abuelos -que, casualidad, estaban en Bilbao- a la joven no le quedó más remedio que llevarse a su pequeña Aida, de 7 años, al trabajo. «Trabajo como empleada doméstica y no tengo ningún problema para llevarme conmigo a la niña. Su padre, además, le ha preparado deberes para que esté ocupada mientras yo trabajo», explicó la madre.
ANA, SANDRA, ENEKO Y NURIA
Instituto Mendebaldea
«Sólo hemos tenido tres clases»
A pesar de la huelga, la jornada escolar arrancó ayer puntual para estos cuatro alumnos de primero de Bachiller del instituto Mendebaldea, en Lakua. Ahora bien, después de la clase de las ocho de la mañana, la jornada comenzó a torcerse. «Nos habían avisado de la huelga, pero ayer (por el miércoles) muchos profesores no tenían todavía claro si la iban a secundar», apuntaron los jóvenes. La incógnita se resolvió al final y no precisamente a favor de los alumnos. «Tenemos clase a primera, a tercera y a sexta hora, así que toda la mañana perdida. Si por lo menos hubiéramos tenido las tres seguidas...», se quejaban. «Lo único bueno -recalcaron- es que entre clase y clase podemos ir a tomar un café». No hay mal que por bien no venga.
BASI URRESTI
Luis Dorao
«Me quedo con mi nieto todos los días»
Basi Urresti acude todos los días al colegio público Luis Dorao para dejar en clase a su nieto Urtzi, de dos añitos. Ayer, en cambio, se encontró la puerta de clase cerrada. «¿Qué le vamos a hacer?», decía «resignada». Y es que, para la orgullosa abuela ayer no fue, del todo, una jornada «excepcional». «Lo único que cambia es que me lo tengo que llevar a casa, pero no me importa en absoluto porque, además, está un poco malito y en casa va a estar mejor».
ROLANDO ARAUZ
San Martín
«Mi hija tiene clase, mi hijo no»
Dos minutos antes de las nueve de la mañana, Rolando Arauz y sus dos hijos esperaban, como cada mañana, a que el colegio San Martín abriera sus puertas. Pero, ayer, el pequeño José Mari, de 5 años, no pudo entrar en su clase. Su tutor había decidido secundar la huelga. «Por suerte, no trabajo por la mañana, así que puedo quedarme con él. Tan sólo tengo que hacer un recado y durante ese rato lo dejaré a cargo de mi padre, que siempre está dispuesto a echar una mano», admitía Rolando. Y el pequeño, claro está, «encantado» de poder contar con un día más de fiesta.