El optimismo es creciente en la dirección del PP ante las tendencias que marcan las encuestas sobre evolución del voto, porque todas las que maneja le dan como ganador en los comicios de 2008. Los populares creen que la abstención superará las previsiones y también las de convocatorias anteriores, lo que perjudicará al PSOE y, de acuerdo con sus datos, dará el triunfo al PP.
Los estudios que conoce Mariano Rajoy no sólo confirman los porcentajes de voto para el PP del último trabajo del CIS, sino que los mejoran. Los expertos del partido opositor utilizan los datos recabados por el instituto público para sus proyecciones y concluyen que la concurrencia a las urnas prevista en el último barómetro está sobrevalorada. «Con una participación menor, el PP ganaría porque la abstención perjudica a la izquierda», explica un miembro del equipo de dirección popular, y asegura que la ventaja de 1,4 puntos que el CIS atribuye al PSOE se trasladaría a Rajoy. Estas fuentes creen prácticamente imposible que se repita la movilización de la izquierda que llevó a Zapatero al poder en 2004, ni el 11,8 de abstención que pronostica el CIS.
Los mismos analistas aseguran que hay indicios de que se reducirá de forma considerable la participación, como ocurrió en las últimas elecciones en Cataluña. «Ha aparecido en el ámbito nacional la política como problema, algo que antes sólo existía de forma significativa en Cataluña y eso siempre se traduce en desinterés y, por lo tanto, en abstención», asegura uno de los expertos de la calle Génova. El barómetro del CIS, elaborado con encuestas realizadas en octubre, refleja este dato novedoso porque un 3,4% de los encuestados incluye entre los problemas de España «el Gobierno y los partidos».
El propio Rajoy, en declaraciones a RNE, reveló que dispone de encuestas que sitúan a su partido «3 ó 4 puntos por encima» del PSOE. Aunque su experiencia le recomienda no dejarse llevar por la fe ciega en los sondeos, admitió que su partido ha pasado de tener «posibilidades» de ganar a tener «probabilidades». El líder del PP sitúa en el pasado verano el punto de inflexión para el cambio, a partir del momento en el que decidió hacer una política constructiva y moderada, más atenta a la presentación de alternativas que a la crítica al Gobierno, de la que no abdica.
Rajoy no renuncia a mantener su discurso de dureza en contra del proceso abierto por el Gobierno tras el alto el fuego de ETA, pero en esta nueva etapa pone más los acentos en su voluntad de colaboración con el Ejecutivo que en las acusaciones y contundentes reproches que había dedicado hasta ahora a Rodríguez Zapatero. La posición es la misma, pero el tono diferente, en parte también porque la dirección del PP se prepara para un eventual fracaso del proceso de paz.
Mientras tanto, el 11-M ha pasado a la retaguardia en el discurso popular y su líder asegura que aceptará lo que diga la Justicia sobre los atentados. Además, no habrá propaganda audiovisual del PP en su campaña electoral porque así lo ha prometido Rajoy. «En esto de los vídeos hay que andar con mucho cuidado», dijo. «Yo, desde luego, no haré un vídeo nunca», añadió.