-Años atrás, Euskadi se caracterizó por ser un importante polo de atracción para empresas extranjeras. Actualmente existe muy poca capacidad de captar inversión foránea. ¿Por qué el País Vasco ha dejado de ser atractivo a pesar de que ofrece ventajas importantes, como la fiscalidad?
-Creo que realmente hubo en etapas anteriores una atracción de inversión extranjera, aunque tampoco fue de un gran volumen. En aquellos momentos, la Spri asumió un papel muy focalizado en la captación de inversión extranjera estratégica por los momentos que estábamos viviendo. En estos momentos no estamos llevando a cabo esa política generalizada de atracción de proyectos. La captación es ahora mucho selectiva y, en todo caso, debe tener valor añadido y ser complementaria e impulsora del tejido industrial vasco. También es verdad que las multinacionales están optando por localizar las inversiones de sus productos de menor valor añadido en zonas con menores costes laborales comparativos, como el Este de Europa o Asia.
-El proceso de paz afronta actualmente una muy delicada situación. Con todo, ¿hasta que punto la consolidación del proceso de paz puede contribuir a atraer mayores inversiones?
-Los empresarios que ya están aquí han pasado período terribles, han aguantado todo lo aguantable y han seguido apostando por generar riqueza y empleo en Euskadi. La consolidación de la paz es un factor muy positivo y básico para las empresas. A pesar de que muchos empresarios hayan descontado que, si no es ahora, ese objetivo se va a lograr en el medio plazo, también es verdad que hay muchos empresarios que buscan seguridad y estabilidad. Una consolidación de la paz ofrece seguridad y permite la consolidación de todo el sistema. Eso es básico y sus efectos son positivos.