El Bloque Quebequés todavía se rascaba ayer la cabeza para discurrir cómo capitalizar la supuesta victoria de que la provincia francófona a la que representa haya sido reconocida como 'nación' por la Cámara de los Comunes del Parlamento canadiense. Un triunfo que, sin embargo, se lo anota el Partido Conservador del primer ministro Stephen Harper, que con su propuesta ha hundido otra mucho más radical del grupo independentista. «Este Gobierno tiene la convicción de que ha llegado la hora de la reconciliación nacional», dijo a la Cámara antes de la votación celebrada el lunes por la noche -madrugada de ayer en España-.
La moción, presentada por sorpresa la semana pasada, poco después de que el Bloque Quebequés anunciase la suya, fue aprobada con el voto de los cuatro partidos políticos representados en el Parlamento, con una mayoría tan abrumadora -266 votos a favor y sólo 16 en contra- que dice mucho sobre lo inofensivo del reconocimiento. «Nada cambiará en el día a día», anunció a sus paisanos el parlamentario quebequense Maxime Bernier. «No dará más poder». Los expertos recalcan que se trata de un reconocimiento simbólico que no acarrea ninguna modificación constitucional ni peso legal de ningún tipo. La propuesta de Harper tenía trampa, porque el reconocimiento de Quebec como nación trae la coletilla de existir «dentro de un Canadá unido».
Derrotados en su iniciativa, los independentistas no tuvieron más remedio que sumarse a la propuesta ganadora y aprovechar la extraña victoria. «Nuestra moción ha sido derrotada, pero lo importante es que Quebec ha sido reconocida como nación», dijo el líder del Bloque Quebequés, Gilles Duceppe. «Estamos encantados de que esta semana Canadá se haya convertido en el primer país en reconocer a Quebec como nación».
Paradójicamente la formación política más perjudicada ha sido el Partido Liberal, que agrupa a quince de los dieciséis legisladores que han votado en contra -el otro voto pertenece a un independiente-. En vísperas de celebrar la próxima semana en Montreal el congreso en el que se elegirá a su nuevo líder, la formación se encuentra dividida precisamente por las declaraciones de uno de sus candidatos, Michael Ignatieff, de dotar a esa provincia de una mayor personalidad jurídica.
Electoralmente, Quebec es la novia a cortejar para las legislativas de 2007. El Partido Conservador ha visto decrecer su popularidad en esa zona por el rechazo de Harper al Tratado de Kioto, poco después de que ganase el cargo en enero, al terminar con trece años de dominio liberal. Los analistas auguran que la maniobra del lunes le permitirá remontar.
Sensación de unidad
Tras la sensación de unidad que acarrea la abrumadora mayoría con la que ha triunfado la resolución se oculta una crisis de los liberales evidenciada por la dimisión del ministro de Asuntos Intergubernamentales, Michael Chong, que ha preferido renunciar al cargo como acto de protesta para no tener que votar por algo en lo que no cree. «Antes que mi partido está mi país», dijo en rueda de prensa. «Creo en esta gran nación nuestra llamada Canadá, indivisible, basada en un nacionalismo cívico, no étnico».
Chong teme que el reconocimiento de nación dará alas al movimiento independentista y confundirá a los canadienses. La provincia francófona, que comparte frontera con Nueva York, ya ha sometido su independencia a referéndum en dos ocasiones, la primera en 1980 y la segunda en 1995. En esta última el 'no' ganó por poco más de un punto porcentual -50.6%-, lo que hizo prometer a los políticos independentistas que volverían a intentarlo.
La mayor provincia del país pertenece a la confederación de estados canadiense, que aún se subordina a la reina de Inglaterra, desde 1867, siete años después de que se deslindará de la Nueva Francia. El movimiento separatista se engendró en los años sesenta, cuando esta provincia de abrumadora mayoría católica -83.3%-, llevó a cabo la llamada 'revolución silenciosa', que se recuerda por el mito de las iglesias vacías. Si bien el grupo terrorista Frente de Liberación de Quebec derramó más convulsiones políticas que sangrientas, los intentos del ex ministro liberal René Levesque para implantar la 'asociación soberana' han penetrado poco a poco, y hoy es invocado como modelo por muchos nacionalismos del mundo, incluido el vasco.