Arropada como nunca, la plantilla del Alavés -sus veintisiete miembros- se plantó ayer ante Dmitry Piterman y respaldó sin condiciones y con calor a su compañero Lluis Carreras, insultado, amenazado y vilipendiado por el presidente anteayer en el vestuario de Mendizorroza, delante de todos, un suceso de los más graves en la historia reciente de la entidad. Por primera vez, el plantel, «unido porque la causa lo requiere», expuso en público lo que siente en privado aunque no puede decirlo; en suma, rompió con desgarro su silencio para gritar: «¿basta! no más!», como confesó el ofendido.
Ha debido acontecer un hecho bochornoso en la caseta, en realidad uno más aunque éste ha trascendido, para que los futbolistas se enfrenten al máximo accionista, que también hace de entrenador, y le dejen en feo y con su autoridad cuestionada por las maneras empleadas. Todos arrimaron su hombro al de Carreras para denunciar y reprobar «el trato vejatorio, insultante, abusivo, discriminatorio y desagradable» que Piterman dedicó al defensa antes del entrenamiento del miércoles.
En su condición de capitán, Martín Astudillo puso voz a la rebelión. Junto a él se situó otro pesado pesado, Edu Alonso; y a la izquierda, el afectado. Detrás, los veintitrés albiazules restantes. «El plantel no puede ni debe dejar pasar estas situaciones porque hoy le toca a Luis, pero le podía pasar a otro», convino 'El Pulpo' en una intervención preparada pero no escrita.
Exposición emocionada
En un momento extremadamente convulso como éste, con un partido a la vuelta de la esquina, el argentino lanzó un compromiso para que lo recoja el alavesismo de bien. «También queremos comunicar a la afición y a todos que trataremos de que esto no influya en lo deportivo porque es personal. Haremos lo posible para revertir una situación en la que estamos mal, y más si le añadimos un ingrediente como es el trato sufrido por Luis». Astudillo cerró su mensaje con un: «nosotros le apoyaremos al completo».
De seguido, Carreras se prestó a ofrecer su versión y a responder a cuantas preguntas se le formularan sobre un hecho que arrancó la semana pasada cuando discutió con el técnico Chuchi Cos, al que llamó «incompetente», además de referirse a Piterman como «mentiroso y cobarde». Como consecuencia de estas descalificaciones, el Alavés le expedienta por indisciplina con el firme propósito de forzar su salida del club. El segundo acto se trasladó el miércoles al vestuario, donde ante el plantel el presidente abroncó, insultó y amenazó a Carreras. «Doy gracias a Dios que fuera delante de mis compañeros porque podrán corroborar cómo pasó».
El futbolista desveló lo que Piterman le escupió a la cara. «Llegó al insulto personal, muy grave hacia mi persona, a mis familiares vivos y muertos, incluso a mis hijos. Es muy fuerte que vuestro jefe os diga: 'me cagüen tu puta madre, me cagüen tu padre y tus muertos y mis hijos se follan a los tuyos'. Lo dijo enfurecido, sin que pudiera rebatirle», relató el catalán, emocionado por el respaldo que tenía detrás. «Me dijo: 'pero si tú estás acabado'. Puede ser, pero que se cague en mi puta madre, en mi padre que en paz descanse. ¿Mis hijos! Él los tiene», añadió Carreras, para quien no hay duda de que Piterman entró en la «provocación».
«No me importa ser cabeza de turco, no quiero ser el protagonista», rechazó el defensor, que en boca de sus compañeros advirtió de que la plantilla está «expuesta a cualquier cosa», preparada para lo «imprevisible», a la respuesta que pueda tomar el dueño del Alavés. Después de «pedir disculpas a la afición por la imagen que estamos dando», Carreras habló de lo evidente, de la pesadumbre que transmitían sus compañeros. «Esto afecta. Veo sus caras, su sufrimiento, el esfuerzo que hacen, el mío. Pero esta noche» -por la de ayer-, «la gente ya pensará en el partido. Somos profesionales, sabemos a qué jugamos».
De ellos arrancó, reveló, el compromiso de que «esto no les va a afectar deportivamente, que incluso les va a dar más ánimo para luchar». Y él, que el asunto está ya en manos de sus abogados, aseveró que me «debo a un club, a una afición, a unos compañeros que son amigos. Sigo con fuerzas, con poquitas, para ayudar desde el vestuario, ya que no es posible desde el campo», sentenció.