Pocos y con el sambenito de ilusos, eran los que, hasta hace apenas una década, confiaban en las posibilidades de Vitoria como un destino por descubrir y por disfrutar. Sin embargo, desde 2000 -dos años después de que el País Vasco empezara a experimentar su particular 'boom' turístico al calor de la anterior tregua de ETA-, la capital alavesa ha registrado un espectacular y continuado incremento de visitantes que ha dejado sin argumentos a los más escépticos.
La evolución contabilizada por el Ayuntamiento, a través de la oficina municipal de Turismo, constata que el flujo de visitantes a la ciudad se ha multiplicado por tres en los últimos seis años. Así, si en 2000 apenas 34.000 ciudadanos de otras comunidades o países solicitaron información o mapas, este año -hasta el 10 de diciembre- han hecho lo propio casi 117.000 personas. Dicho de otro modo, el equivalente a la mitad de la población vitoriana, todo un récord hasta ahora, ha venido a conocer la capital vasca.
En buena medida, estas llamativas estadísticas se nutrirán de los resultados que ha deparado el mejor 'puente' de la Inmaculada que se recuerda en lo que a visitantes se refiere. Y es que a lo largo de la última semana, más de 4.000 turistas dejaron constancia de su paso por la ciudad en el servicio de la plaza General Loma, mientras que en el mismo periodo de tiempo de 2005 lo hicieron 2.835. Esto es, el crecimiento porcentual de un año para otro ha sido del 52%.
La mayoría de ellos eran madrileños y catalanes -los más fieles-, y también de otras de comunidades vecinas, muchos de ellos atraídos por la feria local del vino. «Ardoaraba se ha consolidado en el calendario de actividades de la ciudad. Prueba de ello es que actúa como motor de atracción», destaca el concejal de Promoción Económica y Turismo, el popular Fernando Aránguiz.
«Buena» oferta hotelera
Al margen de acontecimientos puntuales, la progresión turística de la ciudad evidencia, a juicio de la directora munipal de Turismo, que «ya estamos encarrilados como destino». Ana Lasarte achaca esta realidad a «muchos sumandos, como son: una labor de difusión intensa, una oferta hotelera buena y con precios competitivos, la enogastronomía, la gratuidad de los museos -a excepción del Artium- y también, claro está, a la situación de tregua». Apuesta por «volcarnos en la calidad», y vaticina un crecimiento aún mayor «a medida que recuperemos nuestro patrimonio histórico, como la muralla o las salinas de Añana».
También optimista se muestra el gerente de la Fundación Catedral Santa María, convertida en uno de los principales ganchos de la ciudad desde que en 2000 puso en marcha un programa de visitas guiadas por el que ya han pasado más de medio millón de personas. «El turismo va a jugar un papel importante en nuestra economía. Para ello, necesitamos ampliar el sector de servicios y, sobre todo, dotarnos de un auditorio o palacio de congresos», matiza Gonzalo Arroita.