Matrimonio de vitorianos de 46 años con ingresos de 2.500 euros mensuales y una deuda de 160.000. En apariencia, no parece una situación extremadamente delicada. Sin embargo, cada mes abona 1.300 euros para hacer frente a tres préstamos. Y es que, al margen del hipotecario que terminará de pagar dentro de 17 años, tiene otros dos créditos al consumo con unos intereses altísimos: uno corresponde a una tarjeta de una gran superficie comercial y el segundo, a la Visa.
La pareja empieza a estar agobiada. Le quedan 1.200 euros mensuales para afrontar todos los gastos de la familia. ¿Qué solución encuentra? Reunificar sus deudas en un solo crédito hipotecario por el que abonará 835 euros al mes, lo cual le permite cierto desahogo. ¿Cuál es la contrapartida? Estarán endeudados hasta la vejez. Terminarán de pagar el préstamo cuando tengan 71 años.
Este caso -real- no es aislado. Se repite todos los días en la capital alavesa. ¿El culpable? «La fiebre del consumo termina por ahogar a la gente», dice Manu Díaz de Corcuera, director de la oficina de CreditServices de la Avenida de Gasteiz. Integrada en una red de franquicias, esta agencia es una de las doce dedicadas «a consolidar deudas» que han abierto en la capital alavesa en el último año para dar respuesta a una necesidad creciente: la de los vitorianos a punto del descalabro económico.
En el mismo sentido se manifiesta José Manuel Martínez, del Centro de Crédito Hipotecario, una firma pionera en el sector que opera en la calle Lascaray desde hace una década. «Resolvemos los problemas económicos de la gente», señala para referirse a su profesión. Este agente bancario asegura que no existe un perfil único de cliente. Aunque «es gente de todo tipo», sí suelen tener un denominador común. Y es «gastar más de la cuenta». Antes se daban bastantes casos de titulares «de pequeños negocios que se venían abajo, pero ahora vemos más situaciones de personas que viven por encima de sus posibilidades».
«No somos prestamistas»
Ni Manu Díaz de Corcuera ni José Manuel Martínez admiten el término 'prestamista' para referirse a su profesión. «No somos prestamistas porque no prestamos, nos limitamos a intermediar con las entidades financieras», señalan. ¿Dónde reside entonces su negocio? En las comisiones que cobran cuando un cliente decide «consolidar» o reunir sus deudas en un único préstamo hipotecario que estas agencias han negociado por él. Aunque estos honorarios varían en función de la dificultad de la operación, se sitúan en una horquilla que va del 0,5% al 5% del nuevo préstamo en el que la vivienda hipotecada figura siempre como aval.