Viernes, 15 de diciembre de 2006
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OPINIÓN

ARTÍCULOS
Esperanza
Sé que más de uno se sentirá decepcionado, pero no voy a referirme a Esperanza Aguirre. No obstante, me gustaría coger la ocasión por los pelos para saludar cordialmente a la presidenta de la Comunidad de Madrid por la pintoresca naturalidad de sus desinhibiciones y ese estilo tan (¿cómo diría, chispeante, garboso?) inimitable en cualquier caso, que exhibe cuando arremete contra el hipercorrecto Gallardón. Quiero que sepa que me entusiasman sus apariciones públicas. Sobre todo cuando salen juntos. Y que por supuesto echo mucho de menos la existencia de unas diez o doce esperanzas aguirres más para repartirlas por la ancha geografía española y amenizar un poco la lánguida escena de nuestra repetitiva política interior. Pero, lo siento: no. El título de la columna alude a las palabras que pronunció el señor Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, el miércoles pasado. Blázquez dijo que el itinerario de la esperanza va pasando por diferentes etapas. Dijo que hay momentos de euforia y hay momentos de confusión y estancamiento. Y que ahora nos encontramos en una fase de penumbra. Bien. Me llamó poderosamente la atención la delicadeza con que el líder religioso se refirió al proceso de paz: «Un itinerario de la esperanza». Con distintas fases. Fase de confusión, fase de penumbra. Tiene mucho sentido. Me recordó a las fases que según los psicólogos se producen en el estado de ánimo de las personas que han sido víctimas de un cataclismo: la fase de shock y apatía, la fase de rechazo, la fase de angustia depresiva, la fase de esfuerzo y superación y la fase de aceptación final. En fin, ahí es a donde llegamos en el mejor de los casos: a la aceptación. La esperanza es siempre que amanezca mañana. Y a medida que vamos sumando amaneceres vamos aceptando el mundo tal como es. A sabiendas de que es inaceptable. Pero, ¿qué le vamos a hacer? No hay otro. De todas formas, mi abuelo que era un caballero cristiano, decía: nos moriremos y al cielo iremos, pero que sea tarde. Al parecer, el estado del proceso requiere de constantes diagnósticos. Batasuna habla de bloqueo. Izquierda Unida, de estancamiento. Los obispos, de fase de penumbra. Cómo nos gustan las palabras. Las chupamos como si fueran caramelos. La palabra penumbra tiene una sonoridad pseudomística. Bloqueo suena a problema intestinal. Y estancamiento recuerda más bien a un paraje con patos. 'Temple', sin embargo, sugiere habilidad. Fíjense en las palabras que ha utilizado Zapatero: temple y tenacidad. Hacen pensar en habilidad y estrategia a largo plazo. Y supongo que eso es lo más significativo de todo. El tiempo. Batasuna sabe que no puede dejarlo correr. Luego lamentará el tiempo perdido.

 
Vocento

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