Las noches que Marco pasa a la intemperie vitoriana no son sólo duras por el frío que se le mete en los huesos y la lluvia que le moja el cuerpo. Esto es lo que menos le preocupa, aunque reconoce que se abriga con todas las mantas que tiene. «Tengo pulmonía y debo cuidarme», asegura el indigente siciliano.
En realidad, son los vándalos los que más le hacen sufrir porque convierten su vida en más difícil de lo que ya es. «Durante el día, te obsesionas por ganar dinero para comer y por encontrar un lugar adecuado donde dormir, y cuando buscas la calma en un pequeño rincón, vienen los ladrones a robarte las botas o la mochila. Y algo mucho peor, te tiran piedras mientras duermes», relata Marco con una mezcla de impotencia y rabia.
A pesar de las dificultades de vivir en la calle, la sonrisa no se borra de su cara, aunque siempre con un toque melancólico. Pero su espíritu navideño y los niños que se le acercan a contemplar su original Belén le ayudan a borrar los malos recuerdos.