El último día tenía que ser una víspera de Reyes, cuando los niños del mundo viven ese momento mágico de la creencia en los cuentos y en la fantasía. La confitería Hueto dijo ayer adiós para siempre. Se cierran 181 años de la historia más dulce y más tierna de Vitoria. También de la más conocida allende nuestras fronteras. Que se lo digan a Alfonso XIII que se chupaba los dedos con los 'alfonsinos' bautizados en su honor. Fórmulas antiguas, sabores de siempre, materia prima de calidad y tiempo para hacer las cosas -hay frutas que necesitan un mes para confitarse- eran los ingredientes de un obrador clásico, de los que han hecho grande la pastelería vitoriana. También se va el más antiguo comercio de la capital alavesa y con él la figura entrañable de Rosa Hueto. Un día dulce y triste.