Miles de niños de todas las edades -desde los cero a los cien años- durmieron anoche protegidos por un halo mágico. Tanto los vitorianos más pequeños como los que peinan ya canas se dejaron encantar otro 5 de enero más por los fastuosos Reyes Magos. Pese a los atascos de tráfico, el sirimiri, las maratones de compras y las colas para trepar al regazo de Mechor, Gaspar o Baltasar, la jornada volvió a batir records de ilusión.
La cabalgata real fue de nuevo el acto más espectacular y multitudinario de todas las navidades. Sus Majestades de Oriente casi gastaron todos sus besos y caramelos durante su hechizante desfile por el centro de Vitoria. Y aunque las obras del tranvía obligaron a modificar parte del recorrido, nadie se despistó y se encontró con que en vez de avistar carrozas doradas contemplaba zanjas. Fue una noche triunfal, según constataron los niños que montaron guardia en primera fila. Y los mayores que, como María Sotelo, les escoltaban en «el día más bonito».
La comitiva real, integrada por 600 personas, contó con curiosos emisarios del reino animal. Tigres, leones, caballos, peces, elefantes e incluso una jirafa participaron en la marcha. La fascinación y cierto temor se adueñaron del público cuando hicieron acto de presencia en mitad del paseo unos seres gigantes, pero rápidamente los congregados pasaron de las extrañas figuras y la euforia se desató.
El culpable, Melchor, el rey de las barbas níveas, tan aclamado como Baltasar. En mitad del griterío, una joven logró hacer llegar a los Magos su deseo: «Volver a ser niña por un día». Seguro que no le defraudaron.
Tras la cabalgata, Sus Majestades se dedicaron a ir casa por casa a entregar los regalos. Su jornada, que había comenzado mucho antes, fue extremadamente larga. Llegaron a la estación de tren de Vitoria a las once de la mañana y fueron recibidos con júbilo. Nada más apearse del vagón real, la enorme sonrisa de Baltasar despertó un fiel reflejo en la cara de Aritz García quien, a hombros de su padre, no se perdió el paseo de los Monarcas por Dato y en coches de época.
Nervios y carbón
Su destino era el palacio Villa Suso, donde los Reyes lanzaron su deseo para 2007: «Que los niños mantengan la inocencia y los mayores la reflejemos». El salón principal del edificio se convirtió en su centro de recepciones. Allí los hijos de los VIP fueron los primeros en revelarles sus deseos en audiencia privada.
La larga cola que hubo que hacer para entrevistarse con Melchor, Gaspar o Baltasar no importó Nerea y Aitor Fernández de Retana y su hermano Aitor. «Que nos traigan lo que quieran», confesaban antes de sentarse en las rodillas de sus favoritos. «O lo que puedan», apuntaba el padre de Endika Larretxi, tras confesar que él mismo ha conocido el carbón.
Igual que Daniel -'El travieso'- Cros, a quien los nervios no le dejan bien dormir estos días. A Nerea Trinidad lo del insomnio le mereció la pena con tal de hallar hoy su traje, sus zapatos y su maletín de helados sobre los zapatos. En agradecimiento, agua para los camellos y galletas para los Reyes, que a buen seguro agradecerán. Pura ilusión.