Domingo, 7 de enero de 2007
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ÁLAVA
Mágicos deseos
Los Reyes Magos visitaron ayer a ancianos y enfermos de once residencias y hospitales de Vitoria
Mágicos deseos
Un niño abre un regalo en el aula escolar del centro sanitario. / J. A.
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Carmen Mota no pudo evitar emocionarse ayer cuando Baltasar se acercó a ella para darle dos besos y felicitarle el año. Sin embargo, no fue la única en la residencia Ajuria de Vitoria a la que, sin querer, se le espacaron algunas lágrimas al ver entrar por la puerta a los tres Reyes Magos con su séquito.

Tras una mágica noche repartiendo ilusión entre los alaveses, Sus Majestades visitaron ayer a enfermos de once residencias y hospitales de la capital alavesa. Junto con sus pajes y al ritmo de villancicos repartían caramelos, algún que otro obsequio, pero, sobre todo, buenos deseos para el nuevo año. «Para los ancianos es un día especial porque aunque ya han recibido su regalo esta mañana, siempre esperan con ansiedad la visita de los reyes», comentaba Estíbaliz Guzmán, empleada en la residencia Ajuria.

Era el caso de Felisa Alonso, quien miraba asombrada los ropajes tan elegantes y brillantes de Gaspar. «Estoy encantada», repetía sin cesar. Durante el desayuno, la mujer había recibido cantidad de regalos que no esperaba: «una colonia y un jabón perfumado», enumeraba, pero, sin duda, el mejor momento era la visita de los monarcas.

De Oriente a Txagorritxu

Pocos minutos después, médicos, enfermeras y decenas de niños se reunían en la recepción del centro sanitario Txagorritxu para recibir a Melchor, Gaspar y Baltasar. «¿Ya vienen!», gritaba un joven que salía corriendo para abrazar al rey de las barbas canas.

Una vez dentro y con un séquito que se ampliaba por momentos, Sus Majestades hicieron su primera parada en el Aula Escolar del hospital, donde repartieron regalos entre los hijos de las empleadas del centro.

A muy pocos metros, Miren, de apenas año y medio, esperaba que los monarcas se acordasen de ella. Una infección en la columna le había impedido celebrar este día como cualquier otro niño. «Cuando les ha visto por la ventana, bailaba, pero ahora que han venido a darle el regalo, se ha quedado muda», decía su madre.

El obsequio que los reyes habían traído a Marta y Roberto dormía sobre la cama. «Uxue es lo mejor que nos ha pasado nunca», murmuraban.

 
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