Domingo, 7 de enero de 2007
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ÁLAVA
Recuerdos de película
Vitoria rescata del olvido más de 116 horas de reportajes y documentales realizados por aficionados que retratan la vida de la ciudad en el último siglo
Recuerdos de película
DERRIBO. Momento captado por la cámara de Luis Díaz de Corcuera en el que cae la fachada principal de la plaza de Abastos.
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EXPOSICIÓN
Título: 'Vitoria-Gasteiz, la vida filmada'.

Fecha: Hasta el 28 de enero. El 25 habrá un cinefórum con presencia de los autores en el Guridi.

Lugar: Sala Espacio Ciudad en la calle San Prudencio, frente al Principal.

Horario: De 19 a 21 horas todos los días y de 12 a 14 y de 19 a 21 h. sábados, domingos y festivos.

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Estaban allí, guardadas en los armarios de casa, sepultadas por el olvido y la dictadura aplastante de la imagen exprés, el vídeo, el clip y la televisión. Pero son demasiado importantes para dejar que se pierdan. Se trata de decenas de películas de aficionados, rodadas con medios escasos, en formatos de 8 milímetros, super 8, 9,5 y 16 milímetros que atraparon la historia y la vida de los vitorianos y alaveses hasta finales del siglo XX, cuando el vídeo mató la estrella del cine casero. Todo este material ha sido recuperado por la Fundación Catedral Santa María y mostrado en la sala Espacio Ciudad de la calle San Prudencio.

Basta ver la película de 80 minutos que ha montado el periodista Antxon Urrosolo con más de 116 horas filmadas para darse cuenta de que estamos ante algo inédito, único, que engancha, como si estuvieran proyectando un vídeo desconocido recién descubierto en el desván sobre nuestra propia familia. «Llevo 16 años recogiendo y visionando películas caseras. Su valor es excepcional. No están en filmotecas, ni en el Nodo. Y son muy importantes para la ciudad. Por eso se ofrecen en una sala de exposiciones, como un tesoro, como una obra de arte», agrega Urrosolo, enamorado de este proyecto en el que Vitoria ha sido pionera en España y que quiere extender a otras capitales.

Un mosaico vital

Por la pantalla, con música de 'La Paloma', a la manera de las películas mudas, pasan retazos de un gran mosaico: escenas de la vida cotidiana, familiar y social; recuerdos y rincones de la ciudad y la provincia; la escuela, las fábricas, la diversión, los veranos, los viajes, las creencias, las tradiciones populares, el deporte, la moda, la música y mil acontecimientos captados por las primeras cámaras de cine que llegaron a la capital alavesa.

Ante nuestros ojos aparecen unos niños vestidos de cruzados con sus lanzas, una Virgen Blanca envuelta en un chubasquero, los hierros candentes que manejan hábiles obreros de Forjas, una emocionante corrida de 'El Cordobés' en la vieja plaza de toros, la inauguración de la autovía Vitoria-Miranda, la primera carretera desdoblada de España, muchos brazos en alto tras el fin de la Guera Civil, blusas en el paseíllo, una carrera popular de los años 80, aizkolaris en la plaza del ganado antes de convertirse en pabellón Fernando Buesa, tres jóvenes vitorianos contando lo que hacían un domingo, un ingeniero montando a su pequeña hija en moto sin casco en una polvorienta calle, la primera llegada de los reyes a Vitoria, una excursión a Laminoria donde se ve al joven Shommer cogiendo cangrejos con la mano, la demolición de la plaza de Abastos, una genial entrevista al primer celedón, gallinas por las calles de Salinas de Añana....En fin, imágenes que hablan de un tiempo acabado, que resucita para nosotros durante unos instantes con toda la fuerza y la expresión del cine.

«Yo me había olvidado de estas películas», confiesa José Ignacio Vegas Aramburu, jubilado de Mercedes, polifacético e investigador de yacimientos arqueológicos. El fue uno de los integrantes del llamado 'grupo de Vitoria', unos cineastas aficionados que protagonizaron un movimiento sin parangón en España durante aquellos años. «Hay una interesante historia por contar de aquellos tiempos en los que se formó la sección de cine del Consejo de Cultura», recalca Vegas, «emocionado» porque se ha elegido una foto de su hijo mirando negativos como cartel de la exposición.

Un film familiar

Detrás de los pequeños tomavistas hay tipos excepcionales, como Francisco Javier Martínez, ingeniero de Tudela que cuenta ahora 85 años y que lleva muchos años en Vitoria. Con una vieja cámara heredada de su padre se dedicó a rodar todo lo que podía. Suyas son las imágenes, en torno a 1951, en las que se ve a un motorista que lleva a su hija sobre el manillar. La película familiar se convierte así en un documental que informa sobre aquellos primeros años de la industria en Betoño, donde Martínez jugó un papel destacado como ingeniero y promotor de la Fundación Caja Laboral y la Cooperativa Mondragón.

Entre otros grandes del cine amateur como Alberto Shommer - cuyas películas sirven de punto de partida a la película principal-, Ramón Aguirrezábal, Julián Elejospe, Pedro Escayol, Eloy González, Felipe Manterola, Alberto Shommer Koch, o Cecilio Ugarte, destaca el juez ya jubilado Juan Bautista Pardo. El magistrado recuerda las dificultades técnicas que había que superar al principio. «Yo mandaba revelar las películas a Alemania o Inglaterra porque no había laboratorios en España hasta los años sesenta». Su labor de realizador no se ciñó sólo al ámbito familiar. Pardo, que dio cursillos de cine en el colegio Marianistas y pertenecía también a la sección de cine del Consejo de Cultura, hizo películas en el ámbito artístico y patrimonial -el románico alavés, por ejemplo- y grabó el último viaje del tren vasconavarro a Estella en 1967.

«Ahora me da pena no haber filmado más cosas», asegura Luis Díaz de Corcuera, de la zapatería Dicor, que siguió toda la polémica demolición de la plaza de Abastos y de la construcción del monumento a los Fueros de Chillida y Ganchegui. «Aquello hervía en la calle y lo grababa todo, desde las obras de demolición a los coloquios que se organizaron entonces con el mismo Chillida», dice Díaz de Corcuera que se jugó la vida rodando desde un avión la construcción del aeropuerto de Foronda. Pioneros y, a veces, héroes anónimos.

 
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