La Cámara de Representantes de EE UU se llenó ayer de historias trágicas como la de la suegra de un congresista, fallecida estas Navidades después de dos años sin reconocer a su familia por culpa del Alzheimer. Su caso representaba al de cien millones de estadounidenses aquejados de enfermedades que potencialmente podrían beneficiarse de las investigaciones con células madre que amplía la ley aprobada ayer.
Se trata de la misma normativa que ya aprobara el Congreso el año pasado y que previsiblemente sufrirá la misma suerte: el veto del presidente George Bush. «No hay nada mal en esta ley, así que seguiremos aprobándola hasta que tengamos un presidente que la firme», prometió la senadora californiana Dianne Feinstein.
Líquido amniótico
Los simpatizantes de la ley creen que es en el Senado donde tienen su mejor oportunidad para acercarse a la aprobación. A su favor cuentan el apoyo del 70% de los estadounidenses, un aliciente político después del batacazo electoral sufrido por los republicanos en noviembre. Por contra, los detractores de la ley se sienten fortalecidos por los resultados de un estudio anunciado esta misma semana, en el que se abre la posibilidad de profundizar en las investigaciones sin destruir embriones al obtener células madres del líquido amniótico de las embarazadas.
Ese estudio, según el autor, Anthony Atala, es preliminar y sin confirmar, pero aunque sus deducciones se demostraran, los progresos llevarían un retraso de ocho años con respecto a las células madres que se obtienen de los embriones.