Lunes, 15 de enero de 2007
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ANÁLISIS
Los hijos del túnel del tiempo
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El túnel del viento ya deberíamos rebautizarlo como el túnel del tiempo. En realidad, no se le pregunta casi nada que no tenga que ver con los segundos que me puedo ahorrar en una crono. Este es el objetivo principal y casi único de un viaje largo y costoso para los equipos y ciclistas que las cronos de la inminente temporada se encargaran de evaluar.

Aunque haya a quien el túnel del viento le parezca algo futurista, es necesario hacerle saber que tiene, desde su primera concepción, casi 150 años de antigüedad, en el ámbito de la evolución aeronáutica. En el mundo del ciclismo -al que las dosis de inquietud innovadora siempre le vienen fenomenal para su imagen- desde finales de los años 70 del pasado siglo se utilizado esta herramienta de mejora del rendimiento. Desde el principio y hasta no hace mucho tiempo se trabajaba la aerodinámica del ciclista bajo la mirada de los que no creían o de los que no sabían, y cualquier experimento fallido se saldaba con la desacreditación publica de los que se empeñaban en posiciones nuevas demasiado incomprensibles para esquemas mentales arcaicos.

El origen de todo esto quizá resida en algunos elementos del ciclismo italiano que empezaron a relacionarse con los 'proffesore' de la universidad, consiguiendo acceso a túneles de viento de la industria aeronáutica y surgió una punta de lanza inicial de la aerodinámica ciclista: Francesco Moser. Paralelamente, los primeros triatletas estadounidenses innovaban sin cesar, inventando casi de todo para ganar segundos en el sector de 'bici' de su deporte. Eran los complicados comienzos de los hijos del túnel.

El primer aviso serio hace veinte años: con una apuesta aerodinámica importada de otro deporte, los hijos del túnel ganan el Tour. Nada de nada. Ni siendo relegados con una apuesta tan sencilla al humillante segundo puesto, el orgulloso ciclismo carpetovetónico aprende la lección y cambia de esquema de trabajo. Reconozco que hace una década sentía gran rabia cuando el rancio ciclismo europeo, inútilmente advertido por Lemond, se seguía mofando de los nuevos hijos del túnel, estadounidenses y australianos fundamentalmente, que se estampaban contra la superioridad deportiva de la cuna del ciclismo.

El vetusto ciclismo siguió mirándose al ombligo y no fue consciente de lo que los hijos estaban aprendiendo. En los albores del nuevo siglo, los salidos del túnel empezaron a acertar casi siempre. Pero ya no era un único ciclista, ni un único tour, ni una contrarreloj aislada. A día de hoy los hijos del túnel del viento han salido del armario y dictan: evoluciona o desaparece. No se trata de responder a las ofensas que padecieron hace años. Simplemente los que sabían todo, pagan miles de dólares por sus servicios a los padres del túnel del viento.

Me quedo con dos consideraciones de Jhonn Coob - uno de los que ya no se ríe nadie- sobre el túnel del viento: En primer lugar, un elemento aislado que mejora la aerodinámica -unas ruedas, un cuadro, una vestimenta - puede no ofrecer mejoras cuando es integrado en un conjunto y en segundo lugar, todo lo modificable aerodinámicamente es muy individual, por lo tanto lo que a uno beneficia no tiene por que ser bueno para los demás y viceversa. O sea, que aquellos que van al túnel del viento sin ser conocedores de los condicionantes de esta compleja ecuación, pueden hacer una gran labor de merchandising, pero no le quitaran ni un segundo al crono, que es a lo que íbamos en principio.

 
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