El debate ciudadano acerca de la reforma de la Virgen Blanca se ha vivido con especial intensidad en la cuarta planta del edificio municipal de Urbanismo, en la calle San Prudencio, donde tiene su despacho el arquitecto que ha ideado la reforma. Eduardo Rojo -que ha dejado ya su sello en los jardines de la catedral nueva y en la plaza de entrada al mercado de Abastos, entre otras obras- defiende el elemento más polémico de su proyecto: la eliminación de los jardines.
«Los parterres impiden que la plaza sea un lugar de encuentro», explica. «Dificultan el uso público, que vemos potenciado muy cerca en la plaza de España, donde hay niños, terrazas, actos populares... En la Virgen Blanca se perdió ese uso al crear los jardines y el monumento a principios del siglo XX. Hasta entonces -apunta- era un gran vacío que permitía mercados, concentraciones o ferias, y que servía de espacio libre a las puertas del Casco Viejo», indica.
Rojo, jefe de la oficina municipal de Paisaje Urbano, advierte de que «lo verde nos encanta, nos gusta y lo fomentamos, pero en esta plaza no 'toca'», afirma. Los jardines actuales «son una barrera, ni siquiera coinciden con las entradas al Casco Medieval. ¿Alguien se imagina que pongamos parterres en la plaza de España?»
Iluminación
Respecto al proyecto, el experto se muestra orgulloso del tratamiento dado a la iluminación -que potencia las fachadas, «ahora poco remarcadas por farolas que deslumbran a quien mira en lugar de embellecerlas»- y de las dos hileras de fuentes ornamentales que permiten mantener el diseño triangular del espacio. «Nacen del suelo y se colorean por la noche. Es como un jardín nocturno, que refresca y ambienta con su sonido», dice.
«Y no nos olvidamos de quienes pasan el tiempo en la plaza. Ahora hay 35 metros de bancos, pero nosotros proponemos cien», informa el arquitecto. «Puede gustar o no, pero lo hemos hecho con cariño y mucha dedicación», subraya.