Cuarenta y un días. Éste es el tiempo transcurrido entre el 26 de septiembre y el 7 de noviembre de 2006. O lo que es lo mismo, el tiempo que el servicio de detección precoz del cáncer de mama del hospital Santiago de Vitoria tardó en confirmarle a Carmen que tenía cáncer.
«Es rotundamente falso que, tal y como aseguraron ayer (por el miércoles) medios sanitarios la falta de radiólogos no afecte a las mujeres con cualquier patología mamaria», denunció a EL CORREO esta mujer, de 62 años, recién operada de un tumor maligno. Y es que desde que Carmen fue sometida a una primera mamografía el pasado 26 de septiembre, hasta que volvieron a citarla para una segunda prueba transcurrieron 41 días. Tenía cáncer.
«Me he sentido indignada al leer que ante cualquier sospecha que pueda surgir en el mismo momento de realizar una mamografía, la paciente es remitida de inmediato a la unidad de Patología mamaria de Txagorritxu», confiesa la mujer. «En mi caso, desde luego, no fue así», asegura molesta.
Años de pruebas
Su calvario personal comenzó, aquel 26 de septiembre, cuando esta vitoriana acudió al hospital Santiago para someterse a una nueva mamografía. No era la primera. «Llevaba años sometiéndome a revisiones periódicas y nunca había tenido ninguna queja», admite. «Tampoco aquel día, que quede claro», matiza.
«Siempre me han tratado fenomenal. A este respecto no tengo queja alguna. De hecho, mi radióloga, la doctora Iturrioz, me ha orientado y ayudado en todo lo posible y le estoy muy agradecida», asegura. Pero Carmen no perdona que entre aquella primera mamografía y la segunda a la que tuvo que ser sometida transcurriera casi un mes y medio. Menos aún que fuentes sanitarias digan ahora que «no hay ninguna mujer con sospecha de que pueda tener cáncer a la espera de recibir los informes médicos».
«Hasta el 7 de noviembre -recuerda- no recibí la llamada en la que se me informaba de que me habían detectado algo raro». Aquel día se encontraba de viaje, por lo que tuvo que posponer la consulta una semana. El 15 de noviembre su radióloga le confirmó el peor diagnóstico posible: tenía un tumor. «Ella me orientó y me aconsejó cómo actuar, pero a partir de aquel día mi relación con ellos terminó porque yo no soy de la Seguridad Social, sino que tengo un seguro privado».
A finales de diciembre, fue operada en el Instituto Oncológico de San Sebastián. Optimista y vital, se muestra confiada en que, «a pesar del retraso, no haya sido demasiado tarde». Aun así, ha decidido presentar una queja formal ante Osakidetza. «Con ella, sólo pretendo que a nadie más le vuelva a pasar y que se actúe con más diligencia cuando se sospeche que puede haber algo malo», concluye.