Domingo, 21 de enero de 2007
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ÁLAVA
El reventón de una tubería inunda 16 garajes y una vivienda en Nanclares
Las pruebas que realiza Amvisa para preparar las captaciones de emergencia provocaron la avería
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LA AVERÍA
Reventón: sobre las 10.00 horas. Se inundan 16 garajes y una vivienda en Nanclares de la Oca. Provoca un agujero de cuatro metros de diámetro aproximadamente.

Abastecimiento: no hubo que cortar el suministro a los vecinos.

Captación de emergencia: se trata de una tubería de 900 milímetros de diámetro que lleva agua desde los manantiales Antón y El Piojo hasta la depuradora de Araca, y de ahí hasta la capital alavesa. Forma parte de las captaciones de emergencia que se están llevando a cabo por la sequía.

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La rotura de una tubería de la red de captación de agua para el abastecimiento de Vitoria a su paso por la localidad alavesa de Nanclares de la Oca provocó ayer que 16 garajes y una vivienda de la calle Alanzo quedaran inundados. La aparatosa avería levantó parte del asfalto y dejó un agujero de aproximadamente cuatro metros de diámetro.

El reventón se produjo sobre las diez de la mañana cuando la sociedad municipal de aguas de Vitoria, Amvisa, realizaba las pruebas de llenado del conducto. El objetivo era preparar la captación de emergencia prevista con motivo de la sequía que azota a los pantanos alaveses, que están a un tercio de su capacidad. Al realizar la maniobra, se abrió un cráter en la calzada del que comenzó a salir agua y piedras que anegaron el lugar en el que se sitúan varios garajes y una urbanización.

A pesar de la magnitud del accidente, la avería no provocó el desabastecimiento de la zona, ya que la tubería dañada no servía para el suministro domiciliario de Nanclares. «Es un conducto que se iba a utilizar para trasladar agua desde los manantiales Antón y El Piojo hasta la depuradora de Araca», explicó el alcalde de Nanclares, Javier Martín.

Según el primer edil, la misma tubería sufrió ya el pasado mes de julio otro reventón y, en aquella ocasión, «se exigió que se inspeccionase la estructura para ver su estado. Después de esta nueva ruptura, desde el Ayuntamiento de Nanclares vamos a impedir que se utilicen estas tuberías por la seguridad de los vecinos», anticipó. El regidor aseguró, además, que «esto no se puede repetir ni una vez más».

Afectados

Los dueños de los garajes tuvieron que pasarse la mañana achicando agua e intentando recuperar lo que no se había estropeado. Fue el caso de María Luz Ortega. «Utilizo esta lonja en verano para hacer cenas con mi familia y mis amigos. Lo tenía amueblado como un txoko. Ahora, sacaremos todo lo que esté estropeado», afirmó resignada.

Unos metros más adelante, Gorka Martínez y su hermano sacaban las motocicletas y las bicicletas del interior de su inundado garaje. «Teníamos tres motos grandes, dos minimotos, una bicicleta, diversas herramientas y algo de ropa. Ahora salvaremos lo que podamos y veremos si el seguro se hace cargo», apuntaba mientras dejaba a salvo uno de los vehículos.

Algo más resignados trabajaban Alberto Sánchez y María López. «Cuando hemos abierto la puerta, nos hemos encontrado la nevera flotando. Se nos ha estropeado la que tenemos en casa y queríamos cambiarla por ésta, pero está destrozada», se lamentaron.

Por suerte, en la vivienda de Patricio Sierra el agua tan sólo había entrado en el jardín. «Me acercaba en coche a mi casa y he visto la gran balsa que se ha creado. Inmediatamente he llamado al 112 y, en cuanto he podido, he sacado a mi familia de allí porque el jardín se estaba llenando de agua», explicó. Su mujer, Arantxa Berganzo, aseguraba que ni siquiera habían oído ningún ruido. «Nos ha pillado desprevenidos», reconoció.

«Balsa inmensa»

Peor fue la situación que soportaron Nuria Ruiz y Javier Gómez. El agua penetró en su vivienda e inundó el garaje, la entrada de la casa, la cocina y parte del salón. «En el momento del reventón, mi marido estaba trabajando en el garaje y me ha llamado para preguntarme si estaba lloviendo. Cuando hemos mirado fuera, una balsa inmensa venía hacia nosotros», explicó.

Hacía tan sólo veinte días que se habían instalado en la vivienda y aún no habían comprado los muebles. «Y menos mal, porque si no, el daño hubiese sido mucho mayor», aseguraba Ruiz. Este vecino reconocía que, en este tipo de situaciones, lo único que se siente es «impotencia y angustia porque no puedes hacer nada».

 
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