Un cielo completamente blanco dejó entrever a duras penas el aterrizaje del primer avión de Ryanair que, desde Dublín, accedía a la pista del aeropuerto vitoriano de Foronda. Los pasajeros llegaron a la capital alavesa con puntualidad y pisaron suelo, o más bien, nieve española a las 9.15 horas de la mañana.
El irlandés Anghous Hurley fue el primero en presentar su pasaporte ante la Guardia Civil. Algo desorientado, no entendía el motivo por el que varios periodistas le rodeaban sin dejarle recoger sus maletas. «No conozco el País Vasco y voy a pasar unos días recorriendo las tres capitales vascas. Voy a coger un tren hasta San Sebastián y, luego, visitaré el resto de las capitales», comentaba.
Para Lucie Pavlaekova, el viaje no era de placer, sino todo lo contrario. «Vengo a trabajar como recepcionista en un hotel de Laguardia, pero no sé dónde está, ni cómo voy a ir allí», reconocía.
Los recién llegados recogieron sus pertenencias y se dirigieron a sus destinos sin cruzarse siquiera con los viajeros que habían embarcado ya con destino a la capital irlandesa.
Los copos de nieve que veían caer sobre el avión de Ryanair no auguraban un feliz viaje, tal vez, ni siquiera un viaje sosegado. «Esperemos que podamos despegar», suplicaban Mikel e Iñigo, que habían planeado pasar sus vacaciones en Dublín.
No hizo falta aguardar mucho tiempo y, tras una pequeña ducha de anticongelante, el avión estuvo listo para despegar hacia el nuevo enlace de Foronda.