Sábado, 27 de enero de 2007
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JOAQUÍN DURÁN, MIEMBRO DE LA ASOCIACIÓN DE PADRES DAMNIFICADOS POR LAS ESCUELAS INFANTILES
«Condenar a la guardería habría generado un problema institucional»
Los padres que denunciaro malos tratos en Primeros Pasos recurrirán la absolución del centro «por solidaridad»
«Condenar a la guardería habría generado un problema institucional»
RECURSO. Joaquín Durán, en una calle de Vitoria. / BLANCA CASTILLO
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La Asociación de Padres Damnificados por las Escuelas Infantiles recurrirá el fallo judicial que absuelve a la directora y a dos empleadas de la guardería Primeros Pasos de un presunto delito de malos tratos a menores. Después de tres años sin hacer declaraciones, el colectivo que denunció a los responsables del centro escolar rompe su silencio para defender su verdad. «Lo único que queremos es que estas personas, que han empleado prácticas educativas inaceptables, no participen en más procesos educativos», explica uno de sus miembros, Joaquín Durán.

-Al final han decidido recurrir la sentencia que absuelve de malos tratos a la dueña y a dos educadoras de la guardería Primeros pasos. ¿Les ha costado tomar la decisión?

-Creemos que es lo que debemos hacer. Acatamos el fallo, pero no lo compartimos. Somos conscientes de que la sentencia no niega de manera clara que hayan ocurrido los hechos. Dice que «la duda razonable conduce a la libre absolución».

-¿Ha sido esto determinante para que hayan decidido recurrir?

-Si el juez no hubiera aplicado la presunción de inocencia, habríamos recurrido igual. Es un derecho que nos asiste. Como padres, estamos convencidos de que los hechos denunciados ocurrieron.

-Su abogada admite que las probabilidades de ganar el recurso son limitadas. Aun así, ¿mantienen esperanzas?

-Sí. Y no estamos defendiéndonos a nosotros mismos, sino a otros padres. A mi hija ya la sacamos de esta guardería y nunca más volverá allí, pero lo que queremos es que estas personas que han empleado prácticas educativas inaceptables no participen en más procesos educativos. No nos mueve un sentimiento personal, sino un sentimiento de solidaridad.

-La directora del centro les acusa de haber interpuesto la denuncia para buscar un beneficio económico. ¿Les duele esta apreciación?

-Lo que más nos duele es que personas que han usado la violencia y técnicas educativas no aptas sigan educando a niños. Lo otro es algo que entra en el terreno de la calumnia y como tal lo contemplamos. Además, de haberse producido una indemnización, íbamos a donar el dinero a una ONG que lucha contra los malos tratos.

-¿Esperaban la libre absolución de las imputadas o la sentencia les ha cogido por sorpresa?

-Desde el inicio del juicio tuvimos una impresión negativa, en cierto modo. Hubo, incluso, algún testigo que tuvo que preguntar si le estaban juzgando a él.

-¿Sugiere que el juicio no fue todo lo imparcial que esperaban?

-No, pero pongámonos en el caso de que la guardería hubiera sido condenada. Esto habría generado un problema institucional en Vitoria.

-¿Cree que no interesaba una sentencia condenatoria?

-Lo que quiero decir es que nosotros no encontramos amparo suficiente en las instituciones. Acudimos al Ayuntamiento, a la Delegación de Educación y al Ararteko para denunciar los hechos, pero somos conscientes de que un caso como éste es una patata caliente que puede crear muchos problemas.

-Lo cierto, en cualquier caso, es que hubo más testigos a favor de la defensa que de la acusación.

-Eso es verdad, pero también es cierto que denunciar y declarar es un proceso muy difícil. Cualquier padre que descubre que su hijo ha sido sometido a malos tratos atraviesa un proceso muy complicado. Se pregunta qué ha hecho mal, no se explica el hecho de no haberse dado cuenta y esto justifica en parte que haya padres que miren para otro lado. Es mucho más fácil decir «esto es imposible» y darse la vuelta, que aceptar el hecho de que haya ocurrido ante nuestro propis ojos sin habernos dado cuenta.

Atar cabos

-Antes de que una ex empleada denunciara los supuestos malos tratos ¿no notaron nada raro?

-Nosotros, como todos los padres, veíamos algunas cosas.

-¿Por ejemplo?

-Hijos que perdían peso, niños que se autolesionaban cuando no hacían las cosas bien... Pero somos padres, no somos profesionales de la educación ni expertos en malos tratos. Al principio, te niegas a creerlo, es después cuando se empiezan a atar cabos.

-Ustedes mantienen que esos hechos ocurrieron. Sin embargo, las pruebas aportadas son, para el juez, «insuficientes». ¿Cómo quieren demostrarlo ahora?

-Será nuestra abogada la que lleve la defensa del recurso, pero creemos que hay pruebas condenatorias suficientes. Y no hay que olvidar que así lo han creído también la Asociación Clara Campoamor y el Ministerio Fiscal que, ahora, en el recurso, volverá a estar con nosotros.

-¿Entiende que las cintas grabadas por la ex empleada no fueran finalmente consideradas por el juez?

-En absoluto. Escuchar las voces de algunos de nuestros hijos y de las educadoras, claramente reconocibles, fue lo más duro del proceso.

-De haberlo hecho, ¿cree que el fallo judicial hubiera sido otro?

-No podemos opinar por boca del juez, pero el perito insistió en que las cintas se escucharan y de haber sido así, es probable que hubiese ocurrido otra cosa.

 
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