Cuentan que uno de los días en los que estuvo Frank Gehry en Elciego llamó a sus amigos hospedados en el hotel, los situó frente a la iglesia de San Andrés, a la que el canadiense llama con mucho respeto 'la catedral' y pidió que la iluminaran. Desde la Ciudad del Vino se oyó un sonoro «¿Ooohhh!», de asombro. Al párroco Tomás Ruiz de Eguílaz, orgulloso de su templo renacentista, no le sorprende. El sacerdote, que ha visto multiplicar las bodas -incluso de Madrid vienen a casarse por el 'efecto Ghery'- asegura que el nuevo icono internacional se hizo mirando a su parroquia, un compendio de la mejor arquitectura con sello del inmortal Olaguíbel en su luminosa sacristía. Elciego inspiró a Ghery y ahora el canadiense devuelve el favor a la villa.
Un día entre semana y en pleno invierno, Elciego no bulle. Sus calles tortuosas se pueden recorren sin prisas, sin apremios. De vez en cuando asoma un vecino mayor con el que hablar. Toda esta paz se vio alterada en octubre con la inauguración del nuevo hotel de Gehry. Desde entonces, los responsables de comunicación de las bodegas y el hotel de Marqués de Riscal, sin cifras aún, aseguran que «se han superado las expectativas» de usuarios y visitantes y que tienen dos meses de reservas. También han entrado por la puerta de la oficina de turismo 3.600 personas y «muchas más que no han cruzado el umbral de esta casa palaciega y sólo ansían ver la nueva atracción, aunque se van sorpredidos de la belleza del pueblo, sobre todo de la iglesia» comenta Ana María Villarreal, encargada de las visitas guiadas.
«Sabía que iba a ocurrir esto. La gente no invierte así como así y me di cuenta el día que Domecq se fijó en nuestras fincas hace muchos años», recalca el alcalde de Elciego, el socialista Rafael Cruz, tan contento que podría regalar felicidad. Le acaba de entrevistar un corresponsal, un tal Henk Boom, de una revista holandesa de economía. Y así todos los días.
Gente de Hollywood
«Esto es el principio. Elciego sube. Viene mucha gente importante de Hollywood que pasa inadvertida, muchos 'VIPs'». El alcalde muestra sus nuevos poderes tras el lanzamiento al mundo de la marca Elciego: «Hemos aumentado 100 vecinos en un año. Superamos los 1.089. Estamos en trámites para abrir un hotel con encanto de 16 habitaciones con la firma del grupo de Moneo en lo que fue antes el hostal del pueblo. Se han abierto dos restaurantes, una vinoteca, un local de catas, se edifica una nueva bodega de autor, se van a hacer un helipuerto y nuevas viviendas.Tenemos infraestructuras para 5.000 habitantes, pero queremos crecer ordenadamente», concluye..
Una de las cosas que llaman la atención es que algunos de los nuevos emprendedores no son de Elciego. Mikel Andrés, por ejemplo es de Romo (Vizcaya), aunque lleva años trabajando en la comarca. «Ví el sitio, un calado antiguo en una bodega del siglo XVI, en la misma explanada de las bodegas del Riscal. Me gustó», cuenta después de un día más de trabajo en su restaurante La Cueva, al lado del clásico Txisco. «Lo que ocurrió aquí en puentes como el de El Pilar o en diciembre es para verlo. Mandábamos clientes a todas partes», explica Mikel, que esos días daba de comer a cincuenta y tenía que rechazar a otros cien y que tiene tambien una preciosa casa rural de cuatro habitaciones.
«Sin Gehry yo no hubiera abierto», reconoce Susana Fernández Pendás, asturiana y economista, que inauguraba a la vez que el edificio singular de Riscal su local 'Catas con encanto', nacido con la vocación de enseñar los secretos del vino en ese mundo subterráneo de los calados. También hay una boutique de productos del vino y de bisutería. «Es un turismo en auge. Creceremos», advierte.
Jaime Riofrancos, de 28 años, sí es de Elciego. Abrió junto a su pareja Cristina la vinoteca 'La ermita' en la misma plaza Mayor el pasado verano. Los fines de semana se pone de bote en bote. «Hacen falta más restaurantes, más bares, más negocios para atender a la gente. Hay sitio», señala Jaime, consciente del arrastre de la bodega de Riscal.
«¿Para eso he venido?»
Pero también hay una manera más distante de acoger lo que Vicente Calabuig, dueño del bar Aída, llama con displicencia 'la chatarrería', en referencia al titanio tricolor del hotel de Ghery. «Yo no sabía nada de ese señor y llevo muchos años tratando de abrir un negocio. Los que vienen aquí se van cabreados porque se marchan engañados. No pueden entrar ver el hotel. Uno me dijo '¿Y para eso he venido desde Valladolid?'».
En la plaza Mayor, la tertulia de jubilados compuesta por Carlos Rivera, Félix Santos y Dionisio Benito, aprueba la llegada del hotel. Alguno tiene a la hija trabajando. «Le ha dado vida al pueblo», sentencia Dionisio. «No hay una casa libre», anota Félix. «Es demasiado, alguno que se vaya porque no cabemos en los bares los fines de semana», se queja Carlos.
También desde Laguardia, el concejal de turismo, Miguel Ángel Rubio, resalta que 2006 fue un año excepcional en visitas a la villa con casi 70.000 consultas en la oficina de información, un 9% más. «Ha sido asombroso, aunque no es sólo Ghery. La ruta del vino ha sido un éxito», recalca.
En una finca contigua a la bodega de Riscal, Félix Guzmán, vecino de Laguardia, poda cepas de 40 años con esmero a pesar del intenso frío. Le gusta el edificio porque tiene los colores del vino y le encanta que venga la gente. Lo prefiere a la bodega de Marino Pascual, de Proconsol, aún en obras, que «recuerda a un flan». «¿No va la gente a Benidorm?», se pregunta, «pues que vengan aquí», suelta mientras cuida lo más importante: la vid.