Vitoria por tierra, mar y aire. Mientras que Lakua aguarda impaciente el desembarco del galeón de tamaño real con juegos infantiles que atracará en la trasera del centro de salud del barrio, el Ayuntamiento ha decidido dar alas al nuevo distrito que se levanta al Este, Salburua. O mejor dicho, conservarlas.
Han pasado ya cerca de treinta años desde que se desmanteló el viejo aeródromo, bautizado primero Martínez de Aragón, y después, General Mola durante el régimen franquista. Sin embargo, el Ayuntamiento «quiere preservar su memoria», explicó a EL CORREO el concejal de Urbanismo, Jorge Ibarrondo. «Para ello, se conservará la pista original del aeropuerto, cuya longitud era de 550 metros», adelantó. Eso sí, adaptada a su entorno residencial y ampliada a 1.100 metros de longitud, de manera que ocupará parte de los sectores 8 y 9 de Salburua, los más avanzados.
Así, el paseo del Aeródromo, que une Portal de Elorriaga con la avenida de Juan Carlos I, emulará el corredor donde aterrizaban y despegaban los aviones entre 1935 y 1979. Ahora, aquella pista será un sendero embaldosado con cerámica en color crema y flanqueado, a ambos lados, por hileras de focos que iluminarán la zona por las noches y por plantas aromáticas, como lavandas y romeros.
«Ya está prácticamente terminado el primer tramo, el que existía. Ahora se está rematando el segundo, al término del cual se colocará una manga de viento, como un guiño más al pasado», señaló el edil popular.
Los niños serán, sin duda, los que encuentren este paseo más atractivo. Y es que desde hace unos días, y frente al centro comercial que se levanta en la zona, se han instalado dos avionetas de tamaño natural. Se trata de dos piezas escultóricas elaboradas por el artista local Koko Rico, que las ha concebido para que los más pequeños jueguen a sus anchas.
Tobogán gigante
Una de ellas está inspirada en un AISA 11-B, un biplaza de los años cincuenta que se usaba para el entrenamientos de pilotos militares y civiles. Mide 7,5 metros de largo y la envergadura de sus alas alcanza los 9. «He utilizado una retícula de acero inoxidable abierta y fuerte, de manera que los niños pueden meterse en ella y trepar», explica el autor.
La otra, una estructura de hierro galvanizado y forrada con chapas de aluminio, emula una nave de papiroflexia de dimensiones similares. «Permite deslizarse por ella como si se tratara de un tobogán gigante», añade Rico.