La EPA de 2006 ha mostrado un panorama laboral pujante, con más de veinte millones de trabajadores y el menor porcentaje de paro desde hace casi treinta años. Una salud que tiene en la inmigración su factor determinante: el 60% de los empleos creados los ocuparon extranjeros. En Euskadi su presencia es inferior que en el resto de España (un 4,16% frente al 9,72%), pero la tendencia es a que se conviertan en una fuerza tan necesaria como numerosa. Ocupan, eso sí, los puestos menos deseados y cobran los salarios más bajos. Falta la integración real: la de la igualdad y la dignidad.