Anoeta será esta tarde escenario del derbi de las urgencias. La Real Sociedad se encuentra en un momento crítico, cerca de la UVI, y el Athletic saltará al estadio con el agua al cuello, a un solo punto del descenso. Las cosas pintan muy mal en el terreno deportivo, pero también en el institucional. El 'caso Zubiaurre' elevó tanto la tensión entre las directivas de ambos clubes que el último intento realista para que el lateral de Mendaro se quedara sin ficha federativa culminó con la ruptura de relaciones con la junta presidida por Miguel Ángel Fuentes. Ana Urquijo, muy dolida con la actitud de su homólogo, verá el partido por televisión en Ibaigane con el resto de sus colaboradores. Ninguno de ellos estará hoy en el palco del estadio donostiarra, ni tampoco en las tribunas. Será la primera escenificación pública de la discordia.
El de hoy, por tanto, no es un derbi cualquiera. Las celebraciones habituales por ganar al eterno rival adquieren esta vez unas connotaciones alejadas de la fiesta y próximas al desahogo, a huir de una situación agónica en el caso del Athletic y a despertar del coma, en el de la Real. Una victoria de los rojiblancos convertiría el coma txuriurdin en prácticamente irreversible por el golpe moral que ello supondría y porque la distancia con la primera plaza de la salvación sería como mínimo de seis puntos. Una derrota en Anoeta volvería a encender las alarmas en el Athletic, pero su margen de maniobra sería mayor. Aunque malo, el empate supondría sumar para los rojiblancos y restar para los guipuzcoanos, que están obligados a ganar uno de cada dos partidos en la segunda vuelta si no quieren regresar a Segunda.
Los dos equipos buscarán con ansia -quizás excesiva- tres puntos que les permitan suturar sus graves heridas clasificatorias y olvidar en parte las convulsiones en sus directivas y en sus banquillos. La caseta del Athletic ha tenido dos inquilinos -Félix Sarriugarte y ahora Mané- desde el pasado mes de julio, cuando Javier Clemente fue destituido por cuestionar la política de fichajes del entonces presidente, Fernando Lamikiz. La apuesta por el 'hombre de la casa' no funcionó y la llegada del técnico de Balmaseda ha dado aire fresco al equipo a pesar del frenazo contra el Villarreal en San Mamés y el empate sin goles ante el Levante, un enemigo directo en la lucha por la permanencia.
La motivación
En la casa blanquiazul, el relevo de José Mari Bakero por Miguel Ángel Lotina también ha tenido efectos positivos, pero no los deseados. Y es que la Real, que obtuvo su primera victoria en el campeonato en la jornada quince ante el Nástic, el farolillo rojo, es en estos momentos el conjunto menos goleador de la Liga y ha sumado sólo trece puntos -cinco menos que el Betis, el equipo que tiene por delante-. Jesuli, que afronta su primer derbi vasco, no se ha andado con remilgos a la hora de valorar el choque. «Nos jugamos la temporada», ha declarado el refuerzo sevillano.
El encuentro se ha calentado por sí mismo por el valor de los puntos y la ruptura de relaciones. En esta ocasión no ha sido necesario que dirigentes o futbolistas realicen manifestaciones altisonantes para caldear el ambiente y 'motivar' a sus hinchadas, muy necesitadas de buenas noticias. La motivación de jugadores y aficionados está garantizada. Salvo excepciones, los derbis no se caracterizan por un juego preciosista y la táctica se impone a la improvisación. Con el descenso en el cogote, la pizarra será hoy la gran protagonista.