Ni en los mejores sueños. Había que romper la penosa racha de resultados como fuera. Y el Lagun Aro la destrozó ayer ante el campeón. Los más optimistas se frotaban los ojos. 20 puntos al Unicaja de Sergio Scariolo, a un equipo con tres campeones del mundo. Impresionante. Victoria de calidad, de ensueño, en un extraño e intenso duelo en el que se pasó de la euforia -los bilbaínos ganaban de 17 en el descanso-, al temor a una nueva derrota -los malagueños se colocaron a tres en el tercer parcial- y acabó con una explosión de alegría en La Casilla. El Lagun Aro tumbó al campeón.
Y lo hizo por méritos propios. Lo bordó. Los dos primeros cuartos, de hecho, fueron para enmarcar. Para enseñar a cualquier chaval que se inicia en este deporte. Sin mancha, sin error en el tiro en los seis primeros minutos. Cerca de su mejor nivel físico, Javi Salgado dirigió con criterio el juego rojillo. Encestó, dos triples, por ejemplo. Y también asistió. A Rancik, sobre todo. El eslovaco asumió su papel, ése que le obliga a ser el líder del equipo. Esos veinte minutos iniciales serán difíciles de olvidar en La Casilla. El Unicaja no daba señales de vida y era un juguete en manos de un ambicioso y extramotivado Bilbao Basket. El campeón sufría. Desdibujado por un grupo local, que frenó la sangría de pérdidas que le habían matado en el pasado reciente.
Vidorreta disfrutaba en la banda. La afición también. Aplausos para todos. No era para menos. El Lagun Aro ganaba de catorce (29-15) al descanso. Salgado, Recker y Rancik cimentaban esa ventaja. Y continuaron su recital en el segundo acto. El partido no cambió. El hueco se incrementaba. Banic, que ayer mostró su mejor versión, ponía 19 puntos arriba a su equipo (minuto 12). Unicaja sólo vivía del 'hijo pródigo' Santiago. Y la máxima ventaja llegó poco después. Más 21, quedaban cuatro minutos. De lujo.
Reacción malagueña
Pero los malagueños tenían que reaccionar. Lo hicieron tras el intermedio. Le sentó mal al Lagun Aro el paso por los vestuarios. Fríos. Los de Scariolo querían resarcirse de la humillación a la que estaban siendo sometidos. No tardaron. Triple a triple, con los mundialistas Jiménez y Cabezas, el Unicaja se acercó. A tres puntos. También ayudados por un desconcertante arbitraje por sus extrañas decisiones. Dos antideportivas, una a Rancik y otra a Weis, de dudosa existencia -pitaron otra en el último cuarto-.
De repente, emergió un perdido Azofra hasta entonces. Sacó su veteranía en el peor momento de su tropa. Como un general se echó el equipo a la espalda. Y se abrió la luz. El temor a la derrota se evaporó.
Más en el último parcial. El Lagun Aro recuperó la esencia. Bordó todo. Y Panko, en su retorno a La Casilla, se unió a la fiesta. Estaba hecho. El campeón, por segunda vez consecutiva, cayó en Bilbao. Con esta victoria, de calidad, los vizcaínos se rearman de moral en su lucha por la permanencia.