El Athletic cumplirá esta tarde cuarenta años viajando a San Sebastián de forma ininterrumpida, temporada tras temporada. Desde que en 1967 recuperó la categoría perdida cinco años antes -el ascenso lo consumó en Puertollano empatando a dos con el Calvo Sotelo-, la Real Sociedad no ha dejado de recibir la puntual visita de su vecino rojiblanco, ya fuera en Atocha o, desde 1993, en el nuevo estadio de Anoeta. Estos son algunos de los derbis más memorables que se han vivido en la capital donostiarra.
LA RECUPERACIÓN DEL DERBI
12-11-1967
La Real había pasado cinco temporadas en Segunda y el derbi ya se echaba de menos. Incluso en Bilbao. Y es que una cosa es desear que el eterno rival sufra un poco y purgue sus muchos pecados y otra que una rivalidad tan apasionante desaparezca. En fin, que era demasiado tiempo sin disfrutar de la visita anual a San Sebastián, de ese día grande de comilonas, apuestas y canturriadas. De este modo, y coincidiendo con el alunizaje del 'Surveyor VI', cuyas fotografías del satélite terrestre daban esos días la vuelta al mundo, la afición rojiblanca volvió a hacerse presente en las gradas del viejo Atocha. El lleno fue absoluto aquella tarde soleada de noviembre. Las entradas se habían agotado dos días antes, por lo que bastantes de los 3.000 hinchas rojiblancos presentes en San Sebastián tuvieron que buscarse la vida en la reventa. El partido, un ejemplo de fuerza y coraje como mandaban los cánones, terminó en empate. En el minuto 14, Uriarte adelantó a los rojiblancos, que sólo contaban con un supervivente del anterior derbi de 1962: Echevarria. Silvestre empató en el tiempo de descuento de la primera parte. «Viejo fútbol norteño resucitado», escribió Monchín.
EL COMIENZO DE LA GRAN RACHA
23-3-1969
La Real lleva once años sin ganar al Athletic en su estadio. Era demasiado tiempo. El equipo txuriurdin tenía una espina clavada en su orgullo y aquel domingo de marzo de 1969 sus jugadores se conjuraron para sacársela. Y no sólo lo consiguieron sino que dieron inicio a una espectacular racha de 14 victorias consecutivas en Atocha. Ajenos a la conjura de sus rivales, más de 2.000 seguidores del Athletic pusieron rumbo a San Sebastián. La caravana de autobuses hizo una parada en Deba, justo en el lugar donde meses antes se había producido el accidente que costó la vida al presidente del Athletic, Julio Egusquiza. Se rezó un Padre Nuestro y se puso un ramo de flores antes de seguir viaje hacia San Sebastián.
En el campo, el ambiente fue espectacular. Había tanta gente que, sencillamente, las gradas rebosaron y el partido tuvo que retrasarse un cuarto de hora para que los aficionados que se vieron obligados a saltar al césped pudieran ser acomodados. (Lo de acomodados es un decir. En realidad fueron metidos con calzador). El Athletic venía de perder en Ibrox Park ante el Glasgow Rangers y el ánimo de los pupilos de Rafa Iriondo no era el más propicio para afrontar una de esas batallas épicas -¿a por ellos, mis valientes!- que tanto gustaban a los donostiarras. El caso es que el Athletic completó un partido malísimo y que la Real, con dos goles de Urtiaga en la primera parte, venció con toda justicia. José María Mújica, en uno de sus célebres 'sputniks', no pudo resumir mejor el fiasco. «La Real Sociedad tuvo a su favor varios factores: el factor campo, el factor juego, el factor fuerza, el factor entusiasmo... Y hasta el factor de la estación de Amara, que también estaba por allí».
MEDIA LIGA PERDIDA
15-3-1970
Faltan seis jornadas para el final de Liga y el Athletic de Ronnie Allen era líder con tres puntos de ventaja sobre el Atlético de Madrid. Trece años después, los rojiblancos volvían a acariciar el título. Una victoria en San Sebastián era vital para mantener o incluso aumentar la distancia de seguridad que le protegía de su perseguidor. La Real, por su parte, no se jugaba nada. Los pupilos de Elizondo marchaban séptimos, lejos de cualquier aspiración. Sin embargo, llegado el derbi, sobre el barrizal de Atocha, el conjunto txuriurdin no dio opción. Jugó a cara de perro y desquició al Athletic, que fue un desastre. Sólo Iribar mantuvo el tipo. El resto se rajó en aquel patatal o se disparó en el pie. Es lo que hizo Aranguren, que marcó en propia puerta el 2-0 de un precioso voleón.
Lo peor, sin embargo, corrió a cargo de Txetxu Rojo y de Arieta. Ambos fueron expulsados en la recta final del partido por agredir a un rival. En el caso de Rojo, fue a Gorriti, su marcador, un tipo duro que, durante años, hizo de los marcajes al extremo izquierdo rojiblanco una cuestión personal. Aquel día, una vez más, le había molido a patadas y codazos. Arieta tampoco pudo contenerse. Le habían dado mucha caña y reaccionó pegándole un patadón a Urreisti delante del árbitro. El Comité de Competición aprovechó la coyuntura para acuchillar a los rojiblancos. Castigó con cinco partidos a Rojo (los que faltaban para el final del campeonato) y con dos a Arieta. El Athletic acabaría perdiendo aquella liga por el gol average.
EL PARTIDO DE LA IKURRIÑA
5-12-1976
Hubo un ambiente fenomenal en las gradas: fanfarrias, bandas de música, carracas y hasta un grupo de 'majorettes'. Como siempre, el gentío se desbordaba por todos los rincones de Atocha. Y eso que el Athletic de Koldo Aguirre afrontaba aquel derbi como un mero trámite. Con los cinco sentidos puestos en su aventura de la UEFA, los rojiblancos sólo pensaban en lo que les esperaba tres días después en San Siro, donde debían defender el 4-1 logrado en San Mamés. El partido, sin embargo, acabó pasando a la historia. Antes de saltar al campo, los dos capitanes, Iribar y Kortabarria, aceptaron la propuesta de portar entre ambos una ikurriña. Fue una imagen para la historia. La bandera vasca no era todavía legal y el gesto de los jugadores fue recibido con una atronadora ovación. El partido fue un festival txuriurdin. El Athletic nada pudo hacer ante la exhibición de puntería de los delanteros realistas y de facultades por parte de Arconada, que evitó al menos tres goles cantados. Así las cosas, los rojiblancos acabaron encajando un indecoroso 5-0. Dos de los tantos los hizo Gaztelu, que antes del partido recibió el homenaje de su club por sus diez temporadas en el equipo. No pudo celebrarlo de mejor manera.
LA REAL CAMPEONA
25-4-1982
Durante la semana no se habló de otra cosa. ¿Saldría el Athletic a ganar en Atocha o los rojiblancos se dejarían ir permitiendo que la Real conquistase sin problemas su segundo título liguero consecutivo? Habría que verlo. Desde luego, si uno atendía las declaraciones de Javier Clemente y de sus pupilos en Lezama no había ninguna duda: la Real iba a tener que fajarse de lo lindo para proclamarse campeona. Entre la hinchada bilbaína, por su parte, había dos sectores diferenciados: los que primaban los lazos de sangre y, como buenos vascos, querían que el eterno rival se llevase el título, y quienes primaban la pura rivalidad futbolística y soñaban con aguar la fiesta a los donostiarras. Entre estos últimos, algunos recordaban lo ocurrido en 1970, el día de las expulsiones de Rojo y Arieta. Lo cierto es que la pregunta no acabó de contestarse del todo. Ante 28.000 incondicionales, la Real fue superior desde el principio y aunque le costó adelantarse en el marcador -Zamora no hizo el 1-0 hasta el minuto 55- en ningún momento vio peligrar la victoria. Ni siquiera cuando, a tres minutos del final, Sarabia acortó distancias -López Ufarte había marcado el 2-0 en el minuto 67- y corrió hacia la portería en busca del balón.
EL FIN DE LA MALA RACHA
31-12-1983
El derbi como tal no tuvo mucha historia, salvo para José Luis Orbegozo, que ese día de Nochevieja fue homenajeado por sus 15 años como presidente de la Real y recibió la insignia de oro y brillantes del club. Ahora bien, a falta de historia el partido dejó un dato para los anales: el Athletic rompió lo que ya podía considerarse un gafe en toda regla y logró una victoria en San Sebastián 17 años después. Fue un triunfo justo y de un valor premonitorio. Sobre el pesado césped de Atocha se escenificó un relevo en la cumbre del fútbol vasco. La Real de Ormaetxea dejaba su sitio al imponente Athletic de Clemente, que llegó a Donostia en segunda posición y acabaría ganando el título de Liga. Como en tantos otros derbis, el fútbol escaseó en la misma medida en la que abundaron las vísceras. El gol de la victoria rojiblanca lo marcó Estanis Argote de un libre directo. Corría el minuto 14. Elduaien defendía la portería txuriurdin por lesión de Arconada y el público donostiarra no pudo evitar preguntarse, consumado el 0-1, si con su guardameta titular en el campo la Real hubiese encajado ese gol que le mató.
LA TARDE DE LA 'MANITA'
28-5-1995
Era el segundo derbi que se disputaba en Anoeta. El primero, un año antes, había terminado con empate a cero y sin más datos de interés que la despedida de un clásico como Larrañaga y de dos foráneos de primer nivel como Carlos Xabier y Océano. Doce meses después de inaugurar Anoeta, el Athletic regresaba a la capital guipuzcoana ilusionado con la perspectiva de la UEFA. Amorrortu lo dejó claro en la rueda de prensa de la víspera. «No podemos perder el partido», afirmó. Luego, hizo un pronóstico. «Será un encuentro abierto y con goles», sentenció. En su primera apreciación, el técnico rojiblanco no pudo estar más desatinado. En la segunda, en cambio, dio en el clavo. Fue un derbi abierto y con goles. El problema es que todos los marcó la Real. Ocurrió que el Athletic, tras fotografiarse en compañía de sus rivales y de los muchachotes del Elgorriaga Bidasoa, perpetró un partido infame y acabó ridiculizado. Le marcaron cinco goles como pudieron marcarle diez. Abúlicos y perdidos, los rojiblancos no dieron una a derechas. La hinchada txuriurdin disfrutó como nunca: bailes, cadenetas y cánticos; tonadas humillantes como «Adiós a la UEFA adiós» o aquella otra que todavía resuena en algunos oídos rojiblancos, la de «Cinco lobitos tiene la loba». Más de un hincha del Athletic se juró esa tarde que no volvería a Anoeta. Y lo ha cumplido. Los derbis, de hecho, para nada son lo que eran.
EL REGRESO DEL 'GALLO'
19-5-1996
Algunos de los aficionados del Athletic que no se juraron no volver con el 5-0 se lo juraron un año después, cuando en Anoeta se vivió uno de los derbis más tensos y crispados de las últimas décadas. La causa de este ambiente cortante fue el fichaje de Joseba Etxeberria. El Athletic se había llevado al jugador de Elgoibar tras pagar su millonaria cláusula de rescisión y la directiva realista tenía desde entonces un puñal clavado. Las relaciones entre ambos clubes prácticamente se rompieron y el cruce de declaraciones acabó generando un ambiente de cuchillos largos. José María Arrate, el presidente rojiblanco, lo comprobó al llegar a Anoeta. Necesitó de un cordón policial de ertzainas para entrar sano y salvo al estadio. Una vez dentro, en el palco, la tensión acabó de cuajarse. Uranga le recibió con un frío apretón de manos y ya no volvieron a dirigirse la palabra. Durante el partido, los representantes del Athletic no sólo escucharon insultos sino que tuvieron que soportar a Odón Elorza en su papel de forofo meando fuera de tiesto. «Es el campo en el que peor nos han tratado», afirmó Javier Uria al término del partido.
Sobre el césped también hubo tensión. La Real se adelantó en el minuto 1 con un golazo de Craioveanu y más de un rojiblanco se temió otra manita como la del año anterior; una sensación ésta de desasosiego que se acrecentó cuando Albistegi hizo el 2-0 poco antes de la media hora. El Athletic, que no podía perder porque no estaba salvado -de hecho, no certificaría su permanencia hasta el domingo siguiente ganando al Rayo-, se repuso de los dos rejones. Lo hizo gracias a Etxeberria, que dio una lección de entereza y demostró lo acertado de su apodo: 'el Gallo'. Mientras el público coreaba «Etxeberria a la ría», el de Elgoibar puso en la cabeza de Guerrero el 2-1 y provocó el penalti del empate definitivo. Dolida por la remontada, la hinchada de la Real despidió a los rojiblancos deseándoles suerte para su siguiente partido: «Dentro de un mes Athletic-Alavés», cantaron.