Serena Williams, nacida en Saginaw (Michigan) el 26 de septiembre de 1981, ya es tricampeona del Open de Australia después de humillar a la rusa María Sharapova, que mañana vuelve a ser número 1 del mundo. En poco más de una hora (63 minutos) la americana, prototipo de deportista potente físicamente donde las haya, venció a la esbelta siberiana por 6-1 y 6-2. «Sabía lo que quería hacer porque soy insaciable», declaró Serena tras alcanzar la rotunda victoria. Como recompensa ha recibido 1.281.000 dólares australianos, la misma cifra que percibirá el campeón de la prueba masculina.
Para Sharapova la explosiva derrota supuso una doble decepción: primero, por el hecho de perder tan claramente y, segundo, porque pretendía ofrecer la victoria a su madre, que celebraba el cumpleaños. «Siempre recordaré este desagradable día cuando eche la vista atrás», indicó una María que tuvo palabras de elogio para su rival. «Serena estuvo mucho más agresiva en todos sus golpes», dijo.
Cabe resaltar el resurgir de una Serena Williams que apenas ha tenido actividad de un tiempo a esta parte. El año pasado casi no jugó por problemas en una rodilla. Antes del Open de Australia probó en Hobart y cayó prematuramente. Ahora, en cambio, disfruta de su octavo título de Grand Slam. Lo curioso es que se ha convertido en la tercera campeona en Australia con peor ránking (81ª). Ante Sharapova, Serena fue como una máquina de pisar. «Fue una victoria increíble. Sentí que estaba en forma y que podía jugar tres horas si era necesario», apuntó la estadounidense.
En contraste a la felicidad que le salía a Williams por los poros, aparecía una Sharapova triste. «Nunca se puede subestimar a Serena como oponente. Aunque algunos podían no esperarla en la final, yo sabía de lo que era capaz. Es una gran campeona».
Hoy a las 9.30, hora española, Roger Federer y Fernando González, la gran revelación del torneo, saltarán a la pista de Melbourne para disputar la gran final masculina. El chileno, todo talento, se ha metido al público en el bolsillo con un juego espectacular y se ha ganado el derecho a soñar. Pero enfrente tendrá nada menos que al mejor tenista del mundo.