Domingo, 28 de enero de 2007
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FÚTBOL
El Valladolid despide con otro triunfo un enero impecable
El líder de Segunda se batió con el Sporting de Gijón en un intenso duelo
El Valladolid despide con otro triunfo un enero impecable
Borja y Javi Fuego saltan en un lance del encuentro. / EL CORREO
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Valladolid: Alberto; Pedro López (Baraja, m. 82), Rafa, García Calvo, Marcos; Álvaro, Borja, Álvaro Rubio, Capdevila (Óscar Sánchez, m. 40); Víctor (Sisi, m. 74) y Llorente.

Sporting: Roberto, Sastre, Chus Bravo, Samuel, Canella, Gerardo (Raúl Cámara, m. 61), Michel, Javi Fuego, Diego Castro (Omar, m. 71), Karanka (Andreu, m. 61) y Congo.

Gol: 1-0, M. 45: García Calvo.

Árbitro: Bernabé García (colegio murciano). Expulsó a Míchel por dose amarillas en el minuto 57 y a Samuel, por idéntico motivo, en el 67. Amonestó a Víctor, Álvaro Rubio, Llorente, Raúl Cámara y Congo.

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El Valladolid vive abrazado a la fortuna en los últimos partidos, pero completa un mes de enero triunfal e impecable, en el que sólo ha conocido el sabor de la victoria. Ayer rentabilizó un gol de García Calvo para doblegar a un Sporting de Gijón valiente que acabó con nueve jugadores por sendas expulsiones de Samuel y Míchel.

La presión de unos y otros deparó un inicio de partido intenso y de extraordinario dinamismo. El Valladolid sale siempre pleno de vigor y apelando al empuje racial, como queriendo asustar al rival, pero ayer el Sporting siguió desde el primer minuto idénticos parámetros, de modo que el encuentro parecía un choque de trenes y, en consecuencia, el balón no tuvo un dueño claro.

Y es que dos equipos que salen a por el partido no es cosa habitual en la Segunda División, así que el encuentro, aunque no ofreció apuntes de exquisita calidad, sí tuvo ritmo, velocidad y equilibrio de fuerzas hasta que el Sporting comenzó a imponer su ley en el medio campo.

Con Míchel y Javi Fuego al mando de las operaciones, los asturianos fueron, junto al Almería, el rival más incómodo que ha pasado esta temporada por Zorrilla. Y el Valladolid, como sorprendido de la insolencia de su rival, tardó en hallar la claridad de ideas de otros días, ya que no conseguía sacar la pelota con claridad.

La pelea siempre estuvo en el centro, pero no fue un centrocampismo insulso, ni una especulación al uso, sino una lucha estratégica llena de disputas individuales que impedía que el buen fútbol se asomara, aunque la entrega de unos y otros también tenía sus atractivos.

Un disparo, un gol

Los balones largos no le dan resultado al Valladolid y eso lastró el juego del equipo, que por momentos claudicó ante la superior intensidad de un Sporting fuerte, organizado y, sobre todo, acometedor. Sin embargo, el tópico de la suerte del campeón es perfectamente aplicable al Valladolid en los últimos partidos, ya que el Sporting no mereció retirarse con una herida al descanso, la que le produjo José Antonio García Calvo en el minuto 45.

El Valladolid no tiró entre los tres palos en toda la primera parte, hasta que el central madrileño perforó la portería de Roberto en el 1-0, cuando el primer periodo ya agonizaba.

En la reanudación, el Sporting salió a por todas, pero la expulsión de Míchel, por doble amarilla, le frenó en seco. Al equipo de Mendilibar se le puso el partido de cara y empezó a manejar la situación con cierta solvencia. El duelo dejó de estar revolucionado porque el Valladolid comenzó a tocar el balón, a tener paciencia y, por otra parte, el árbitro, Bernabé García, minó las fuerzas del Sporting con una nueva tarjeta roja, a Samuel, excesivamente rigurosa.

Paradójicamente, los locales se atascaron de una forma sorprendente tras esta segunda expulsión, pero el resultado sólo peligró de verdad, pese al notable empuje asturiano, en un disparo lejano del colombiano Congo (m. 90).

 
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