Domingo, 28 de enero de 2007
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SOCIEDAD

EL CANDELABRO
Duquesa
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Mujer sensible a toda nueva tendencia (no hay más que verla), Marujita Díaz acaba de apuntarse a la moda del 'revival' periodístico. Ese que consiste en sacar del armario los fantasmas del pasado para perpetrar con ellos los escándalos del presente. Se hable de lo que se hable, Marujita siempre tendrá algo que decir. Son muchos años en el candelero, muchos kilómetros recorridos... Y luego están esas imparables ganas de largar. La última perla que ha salido de su neumática boca es que ella, 'in illo tempore', estuvo a un paso de casarse con Alfonso de Borbón.

A la Díaz, con esa labia y esas pupilas que bailan en hipnotizadora espiral, la creo capaz de tumbar a quien se proponga. Si consiguió llevar al altar a un pedazo de señor como Antonio Gades, algo tendrá. Pero con el último que podía imaginármela es con el sobrio, contenido, circunspecto y taciturno duque de Cádiz, que en gloria esté... Y que, según Marujita, podría haber estado aún más en la gloria de haberse casado con ella.

«En ello estábamos», ha dejado caer la artista, dándose más importancia que don Rodrigo en la horca o (por actualizar el dicho) que un pandillero de Alcorcón. En ello estaban, en lo de casarse. Pero la cosa no prosperó -y aquí se acentúa el misterio- por culpa de «ciertas intrigas y presiones» que acabaron metiéndole el miedo en el cuerpo a la novia.

Qué distinta habría sido la historia de España, y no digamos la de Francia, con Maruja Díaz como duquesa de Cádiz y aspirante al trono gabacho. Aunque ya estoy oyendo a los legitimistas preguntarse: «¿Y para esto le cortamos la cabeza a María Antonieta?». No pensaba igual el marqués de Villaverde. Él ya la veía coronada y hasta la llamaba Maruja XIV. Catorce... Como el carbono.

 
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