Se autodenominan 'embadurnadores'. Este viernes quedaron en la boca del metro Quatre Septembre. Como de costumbre llegaron con 'sprays' de pintura, cola y escaleras. Comenzaron a pintarrajear de rojo, verde y naranja cinco paneles publicitarios del bulevard de Capucines, céntrica arteria comercial de París. Denuncian la cada vez mayor invasión por la publicidad del espacio público. Su reivindicación principal es la reducción del tamaño de los carteles a 50x70, el formato de la propaganda política y asociativa.
La convocatoria mensual por Internet insistía en que se trataba de una reunión no-violenta en la que el público no corre ningún riesgo. Los pintamonas no pueden decir lo mismo. La Policía arrestó a cinco miembros del grupo ante las protestas de un centenar de simpatizantes. El 28 de octubre, otros siete activistas 'anti-pub' acabaron en comisaría. Les había dado tiempo a emborronar un par de vallas publicitarias en la estación de Austerlitz con consignas reivindicativas: '50-70', 'Pub=virus mental' y 'Hartos de la publicidad'. Aunque los anunciantes no denunciaron los hechos, esta vez la Fiscalía de París decidió procesar a los 'publífobos' por «degradaciones graves».
El juicio se ha celebrado estos días. Con mucha publicidad. Los siete de Austerlitz son tipos corrientes, sin antecedentes penales, menores de 40 años la mayor parte, de diferentes oficios: fotógrafo, ingeniero, representante de comercio, regidora, informático, corrector y diseñador. En teoría, les puede caer una condena de hasta cinco años de prisión y 75.000 euros de multa. Pero el fiscal se conformó con pedir una sanción de 500 euros. «Voten, funden un partido, constaten que son minoritarios», les reprendió.
Desobediencia civil
La audiencia fue un debate muy francés sobre el activismo político en una sociedad democrática y la noción de desobediencia civil. «Si acostumbran a la gente a obedecer, ¿quién se levantará cuando sea necesario?», se preguntó el abogado defensor. «No he oído que la magistratura respondiera en masa al llamamiento de De Gaulle a la desobediencia al ocupante nazi», apostilló en alusión a la Segunda Guerra Mundial.
Los insumisos a la publicidad ofrecieron una amplia gama de motivaciones. «Cuando llevo a mi hija de 6 años a la escuela, me cruzo en siete minutos con 18 paneles publicitarios que muestran a su cerebro infantil, que absorbe todo como una esponja, cosas violentas y peligrosas», relató una madre. «En Francia, hay 150.000 vallas instaladas de manera ilegal y sólo hemos pintarreajado dos. Cuando avisamos a los alcaldes, la mitad pasa y los demás no comprenden nada. No hay más alternativa que la desobediencia civil», argumentó el fotógrafo. «Mi padre está en cura de desintoxicación y tiene que soportar el machaqueo de las bebidas alcohólicas», alegó otro. El juicio quedó visto para sentencia. Se dará a conocer el 23 de febrero. El 23-F de los 'antipub'.
Los 'embadurnadores' son el último avatar de un movimiento que se dio a conocer en el metro, como debe ser en una movida suburbana. El 17 de noviembre de 2003, cientos de personas, convocadas a fuerza de 'pásalo', consiguieron cubrir con lemas anticonsumistas miles de anuncios en decenas de estaciones. Desde entonces, los comandos 'publífobos' actúan siempre fieles a sus principios: no violencia, anticapitalismo e interprofesionalidad, con efecto sorpresa.
Cada colectivo rivaliza en ingenio para dar publicidad a sus intervenciones en el espacio ciudadano. Resistencia a la Agresión Publicitaria (RAP) organiza jornadas nacionales de vertido de prospectos publicitarios, de los que se calcula que en Francia se reciben al año 40 kilos por hogar. Casseurs de Pub, autores de un manifiesto a favor de la huelga general del consumo, lanzan frecuentes llamamientos a pasar una 'Semana sin tele' o una 'Jornada sin compras'.
Paysages de France se ha cansado de pleitear durante cinco años contra las vallas publicitarias que desvirtuan los paisajes, incluso en enclaves protegidos por las leyes de defensa del patrimonio natural. La Meute aglutina a las hijas de la ira feminista contra la publicidad sexista.