-¿Sus padres le reconocen cuando salen de su boca esas perlas?
-Sí, reconocen una faceta de mí. Pero tengo muchas.
-Bueno, ellos le bautizaron con ese nombre tan novelesco. Uno de los rumores que circulan por ahí dice que usted se llama Evaristo, y que lo de Risto ha sido una coquetería suya.
-Qué va. Si quiere, le enseño el DNI. Es un nombre finlandés que mis padres me pusieron porque tenían un amigo que se llama así.
-Si le llamo producto, ¿usted se ofende?
-Si me dice eso, me quedo tan contento, porque indica que la función que me propuse la he conseguido. Para mí no es una ofensa, es un halago. Quería ser notorio y decir las cosas claras y de forma distinta, para que los chavales vieran lo que se podía destacar en un concurso que ya llevaba muchas ediciones. También quería elevar la audiencia, claro. Aunque tengo que recalcar que no ha sido sólo mérito mío, que hay más de 200 personas trabajando en él y 'OT' lleva cinco ediciones por algo.
-Como buen producto, ¿está preparado para el momento en que le llegue la caducidad?
-Absolutamente. Mi función jamás ha sido ser una estrella de la tele. Si paso a estar detrás de la cámara, como antes, perfecto. Nunca he dependido ni quiero depender de la fama.