Sectores de la izquierda abertzale han mostrado en las últimas semanas en foros internos un fuerte malestar con la actuación de ETA durante el proceso y, en particular, por la forma en la que rompió la tregua. En varias reuniones, algunos de los interlocutores han llegado a expresar su «hartazgo» por la tutela de la banda en todas las decisiones de la izquierda abertzale y su incomodidad ante la nula autonomía que les concede ETA, según han señalado a este periódico fuentes conocedores del proceso.
Dos de las voces que han destacado por su actitud crítica han sido el actual portavoz de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi, y el secretario general del sindicato LAB, Rafa Díez Usabiaga. Ambos llegaron a hacer públicos comentarios críticos con la actuación de la banda a los pocos días de la explosión de Barajas, en la que murieron dos emigrantes ecuatorianos. En especial, sus palabras se han dirigido contra el comunicado en el que la banda reconoció el atentado de la T-4, añadió que el proceso no estaba roto, pero se reservaba la posibilidad de cometer atentados. Era la primera vez que Batasuna se dirigía de esta manera tan contundente a la propia ETA.
Arnaldo Otegi reconoció que el mensaje de la banda había creado «confusión», ya que anunciar hipotéticos atentados restaba credibilidad a la propia declaración deETA de mantener el alto el fuego. Las declaraciones de Otegi se interpretaron como un signo evidente de que existen sectores de la izquierda abertzale críticos con la decisión de la organización. Esta percepción se vio reforzada ese mismo día cuando Pernando Barrena rectificó a Otegi y aseguró que sus palabras se habían malinterpretado por un error de traducción.
Al día siguiente, Rafa Díez se alineó con las tesis de Otegi e instó a ETA a «eliminar los factores de ambigüedad» creados por el comunicado, palabras que iban acompañadas de una petición similar dirigida al Gobierno de Zapatero. El líder sindicalista agregó que «no hay proceso con bombas», para seguidamente añadir que eran necesarios cambios en la política penitenciaria y en la estrategia seguida con respecto a la actividad de la izquierda abertzale. El miembro de Batasuna Joseba Permach terció en el debate asegurando que las reflexiones de Otegi eran de toda la izquierda abertzale.
Según distintas fuentes, las palabras de ambos dirigentes eran la punta del iceberg de un debate más fuerte que se estaba desarrollando en distintos ámbitos de la izquierda abertzale. En esa reflexión, las críticas iban dirigidas a ETA por su «incompetencia política» a la hora de gestionar el alto el fuego y el dirigismo absoluto con el que se ha comportado con respecto, por ejemplo, a la mesa de partidos. Estas críticas suponían poner en entredicho la estrategia basada en la iniciativa de Anoeta -la creación de dos mesas, una política con los partidos y otra técnica, entre el Gobierno y la banda-, al considerar que era la propia organización la que había acabado por intervenir en las discusiones entre los partidos o, en ocasiones, obligando a Batasuna a rectificar decisiones ya tomadas y, finalmente, a cuestionar su propio papel en el proceso.
Estrategia
Las posturas discrepantes con respecto a ETA, en este sentido, no rechazaban el uso de la lucha armada, sino la falta de estrategia de la banda y sus errores durante el proceso de paz. Además de no haber permitido iniciativas de Batasuna, en ese tiempo se han producido hechos como el robo de armas de Francia, cometido el día previo a que el Parlamento europeo discutiera y aprobase por una exigua mayoría un apoyo al proceso de paz. Esta acción puso en evidencia las actitudes reales de la banda y restó credibilidad en instancias internacionales al discurso que en esos momentos practicaba Batasuna.
Según distintos medios, el debate sobre estas cuestiones no está siendo pacífico en el seno de la izquierda abertzale, ya que las reflexiones críticas con la banda suponen un desafío a la ortodoxia de la organización. Algunas fuentes consideran que un aumento de la tensión podría acarrear que alguno de los dirigentes que están impulsando las críticas sean apartados de la vida política.
Crispación
No obstante, las discusiones internas están condicionadas por factores exógenos. La reciente decisión de la Audiencia Nacional de mantener en prisión al preso de ETA Iñaki de Juana lleva a la izquierda abertzale a cerrar filas y a aplazar cualquier debate. Asimismo, el aumento de la crispación que se espera con la evolución médica del preso podría silenciar las voces más discrepantes, por lo que no se espera ningún gesto positivo en las próximas semanas.
En el mismo sentido, las fuentes consultadas destacan la existencia de sectores de la izquierda abertzale con un grado mayor de radicalidad del que hasta ahora han expresado sus dirigentes en público y con una gran capacidad de condicionar la actividad de Batasuna. Estas corrientes estarían detrás, por ejemplo, de la decisión de Batasuna de no iniciar su legalización, paralizada en el último momento el pasado verano.