Martes, 30 de enero de 2007
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CULTURA

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«Hay algunas cosas que el periodismo no puede contar»
Teresa Aranguren recurre a la ficción para hablar de la ocupación en Palestina e Irak
«Hay algunas cosas que el periodismo no puede contar»
Teresa Aranguren. / L. A. GÓMEZ
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Dice la periodista y escritora Teresa Aranguren (Artziniega, 1944) que las gentes de los territorios ocupados, sea en Palestina o en Irak, siempre le piden al reportero, y a los amigos, pues no es raro que en eso se convierta el visitante asiduo, que «no los olvidemos, que contemos lo que ocurre». Porque al dolor de las bombas, las alambradas y las separaciones forzosas puede unirse «el doble de dolor: el de saber que nadie sabe lo que está ocurriendo».

Durante más de 20 años Aranguren ha sido la encargada de contar esas historias. Desde su primer viaje de trabajo a Palestina. En los últimos tiempos ha hecho lo mismo con la realidad diaria de los iraquíes. Nos lo ha narrado a través de las crónicas periodísticas, pero a veces no basta. «Existe otra vida además de la que sube a los titulares, la de los sucesos, la de los datos impactantes», sostiene. Es la de lo cotidiano, un día a día que no tiene nada que ver con lo que llamamos normalidad pero que es lo normal en algunas zonas del planeta.

'Olivo roto: escenas de la ocupación' (editorial Caballo de Troya) es el último libro de esta periodista y en él se ha alejado de la realidad para dejarse llevar por la ficción. Se trata de contar a través de relatos protagonizados por palestinos e iraquíes qué es vivir en semejante situación. Es un campo de olivos destrozado. Es un niño que da una patada a un balón y lo que ve salir volando es su pierna. Una niña que a pesar de todo sueña con ser mayor, y ser médico. Madres que esperan, hijos que no vuelven. Es ir más allá de las páginas de los periódicos, porque a pesar de dedicar su vida al periodismo «creo que hay algunas cosas que el periodismo no puede contar». No la muerte, «sino lo que antecede y lo que la rodea», explica.

Aprecio a la vida

La periodista alavesa habla de una realidad para la que el único antídoto, el que marca la diferencia entre sobrevivir o no, es «la capacidad de mantener el aprecio a la vida, y resistir porque están convencidos de que no pueden dejarse destruir y perder su historia».

Teresa Aranguren defiende otra visión de estos pueblos. «Ya sé que no se suele decir, pero aunque parezca extraño, tienen una gran tolerancia hacia el diferente, hacia el otro». Algo que no ponen en práctica los soldados que surcan las páginas del libro y de los periódicos. «Sólo hay una idea en su cabeza: que el otro es una cosa, que se puede apartar, utilizar». Y ella se niega «a ser cómplice. Si no volviera a la zona para contarlo, estaría siendo cómplice, estaría ignorando la realidad. Por eso siento cada vez más necesidad de volver».

 
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