Unos 200 millones de adultos en todo el mundo sufren pérdidas involuntarias de orina. El progresivo envejecimiento de la población está haciendo que crezca este problema médico y social, cuya aparición es mayoritaria en mujeres, en quienes la frecuencia de la enfermedad se multiplica de 2 a 4 veces respecto a su incidencia en varones.
La prevalencia de esta patología crece linealmente con la edad. Tanto es así que llega a ser considerada como uno de los síndromes geriátricos por su incidencia mayoritaria en personas mayores de 65 años, así como por el impacto negativo que ocasiona en el anciano que la sufre. Sorprende, sin embargo, el reducido número de consultas generado por este problema de salud. La mayoría de los pacientes estudiados utilizan productos absorbentes, cuestión en la que influyen factores de índole personal, sociocultural o asistencial.
La incontinencia urinaria limita la interacción con el entorno social, provoca un cierto aislamiento e incluso el abandono de aficiones. Además, presenta alteraciones en la práctica deportiva e incide en la vida sexual del paciente, con una pérdida de actividad y evitación de la pareja. Afecta asimismo a aspectos psicológicos, al provocar pérdida de autoestima, apatía, depresión y sentimiento de culpa.
Para decidir el tratamiento más adecuado hay que tener en cuenta no sólo el tipo de incontinencia urinaria que se padece, sino también otras condiciones médicas asociadas, como la repercusión de la enfermedad, las preferencias de las pacientes y su tipo de vida, la aplicabilidad del tratamiento y el balance entre riesgo y beneficio de cada prescripción.
Una de las clasificaciones más extendidas de la incontinencia urinaria es la que obedece a los síntomas. Diferencia la incontinencia urinaria 'de esfuerzo' de la 'de urgencia'. La primera se define como la pérdida involuntaria de orina asociada a un esfuerzo físico que provoca un aumento de la presión abdominal; por ejemplo, al toser, reír, correr, andar, etc. La tipología de esfuerzo es más común en ancianas, aunque supone también la forma más habitual de esta enfermedad en personas menores de 75 años, ya que afecta al 50% de ellas.
Al baño, con urgencia
La incontinencia urinaria de urgencia es la pérdida involuntaria de orina acompañada o inmediatamente precedida de una sensación de urgencia que surge como consecuencia de una contracción incontrolada de la vejiga para impulsar la orina hacia la uretra. La causa puede deberse a una enfermedad neurológica o puede no presentar ningún motivo detectable. Se trata de la forma más común de incontinencia urinaria en varones mayores de 75 años. Por otro lado, se denomina incontinencia mixta a aquella asociada tanto a la de urgencia como a la de esfuerzo.
La modificación del entorno con cuestiones básicas como facilitar el acceso al cuarto de baño evitando barreras físicas y disponer de sustitutivos, como orinales o cuñas sanitarias, son medidas especialmente importantes en los casos de urgencia o de incontinencia mixta, sobre todo en ancianos que tengan limitada su movilidad.
Perder peso y no fumar
Entre las medidas higiénico-dietéticas recomendables figura el tratamiento para adelgazar dirigido a mujeres con sobrepeso. Hay que evitar la práctica de esfuerzos intensos que impliquen un aumento de la presión abdominal, ya que las mujeres que los realizan presentan mayor riesgo de desarrollar incontinencia urinaria de esfuerzo, así como prolapso genital. Además, está demostrado que el tabaquismo está relacionado con esta enfermedad, por ejemplo por el aumento de la presión abdominal que genera la tos en la fumadora crónica.
Se aconseja también limitar la ingesta de líquidos a partir de media tarde y reducir el consumo de sustancias excitantes, como café, alcohol y té. Asimismo, son recomendables las medidas dirigidas a reducir el estreñimiento, vestir prendas más cómodas y de apertura más fácil y evitar aquellos fármacos que puedan incidir en la incontinencia.
Entre las medidas de tipo paliativo se contempla el uso de absorbentes. No obstante, hay que advertir que, aunque permiten minimizar las repercusiones de la enfermedad, su utilización puede condicionar una falta de adecuado diagnóstico y tratamiento.
Son importantes también las técnicas de modificación de conducta respecto a los hábitos de micción. Se basan fundamentalmente en programar un vaciado voluntario a unas horas determinadas y cuyo intervalo se irá aumentando progresivamente. Para este seguimiento es importante llevar un diario miccional. Esta terapia permite disminuir la frecuencia de los escapes y la severidad de la incontinencia urinaria en alrededor de la mitad de los pacientes y, en menor medida, puede incluso recuperarse la continencia.