Martes, 30 de enero de 2007
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TELEVISIÓN

CRÍTICA DE TV
Goyas
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TVE 1 retransmitió el domingo los premios Goya del cine español. La cita venía con polémica por esa ocurrencia de emitir la gala con media hora de retraso sobre el horario real. El objetivo era dar más ligereza al espectáculo; es dudoso que lo haya conseguido. Añadamos el exceso de anuncios, que hizo realmente tedioso seguir la fiesta. El escenario tenía un toque futbolero: telón rojo y suelo azul, como los colores de la selección nacional, pero resultaba más atractivo que en anteriores ediciones. La ceremonia empezó con un recurso bufo: el presentador, Corbacho, disfrazado de Goya, entrando en palanquín. Después, pullita a Almodóvar por no estar -pero ganó- y encomio a la ministra -coleguilla- por el vestido. A todos se les pidió brevedad. Los premiados respondieron, pero no así el presentador, que incurrió en demasiada digresión superflua. Por si acaso alguien se aburría, Corbacho se vistió de mujer, se sentó en un retrete, se quitó las bragas y se tiró un pedo, lo cual le permitió entrar en contacto con el espíritu de su madre difunta. Era una parodia del cine de Almodóvar. Lo de la madre era ficción. Quien de verdad apareció al singular conjuro fue la nueva presidenta de la Academia del Cine, Ángeles González-Sinde, que se remontó a la edad de las cavernas para explicar la situación del cine español, mientras la ministra de Cultura miraba con cara de mucha inteligencia.

Para este tramo del espectáculo, Corbacho se había vestido de íntegro rojo chillón sobre unos zapatos inenarrables. Luego cambió al blanco 'manchao' y se pasó el rojo a los zapatos; aún cambiaría más veces. En el decurso, alguna cosa rara. Por ejemplo, aludir al Goya a la mejor actriz y que toque anunciar la mejor película de habla hispana. O las animaciones presuntamente cómicas a cargo de Santi Millán y Santiago Segura, bastante sosas. O el exceso de informalidad de la mayoría de los presentadores. La pregunta del millón: ¿Fue mejor que la del año pasado? Sí. Pero le sigue faltando empaque. Corbacho terminó agitando una botella al automovilístico modo y duchándose con ella. Sería para limpiarse lo del pedo. Todo sea por el 'glamour'.

 
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