Viernes, 2 de febrero de 2007
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CULTURA

A PROPÓSITO
Silencio
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El sonido del silencio forzosamente ausente, el ruido permanente, la contaminación acústica, es un serio problema ecológico. Como lo son otros problemas de índole mediambiental o climático. ¿Y quiénes nos piden que apaguemos la luz al salir de casa, quiénes nos exigen comportarnos con sensibilidad ecologista, quiénes firman el protocolo de Kioto? Pues los mismos que apelan por esas urgentes cuestiones a los ciudadanos: los propios gobiernos que autorizan derroche de luces, iluminación a ultranza sin razonable justificación y a sabiendas de que se encienden las crisis derivadas del gasto inmoderado de kilovatios y así sucede con otras materias contaminantes.

De ecología habla todo el mundo, los medios de comunicación en general, las oenegés... También los políticos. Hablamos de ecología estos días viendo de nuevo como la mierda negra de otra marea negra 'mais' emponzoña el mar y la costa de Algeciras donde gentes embutidas en buzos cual tenebrosa imagen futurista limpian a palazos la arena y el agua chapapoteadas. En medio del planeta sucio, patrimonios naturales destruidos o amenazados, urbanismo incontrolado, los debates no escasean. En Francia, aquí al lado, se debate sobre los intelectuales silenciosos ante apremiantes temas ecológicos y se les achaca escasa sensibilización ecológica a maestros pensadores de este tiempo. Fuera de la órbita científica, la flor de la intelectualidad y el pensamiento no destaca precisamente en el análisis y un pensar renovado respecto a los desastres que asolan el medio ambiente.

De Río a Nairobi se discute de desarrollo sostenible, de biodiversidad, equidad en los recursos pero no se va muy allá en los análisis. Tal vez sea lo que aducen batalladores ecologistas: que pocos intelectuales tienen en efecto 'sentido' de la Naturaleza. No la sienten, siendo como son la mayoría de ellos urbanos, capitalinos. Cuando la temática ecológica se extiende hoy a todos los campos, el social, el económico, el cultural, se atribuye a la ultraespecialización en el ámbito intelectual, este ensordecedor silencio, por cierto, no sólo patente entre los vecinos franceses.

 
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