Viernes, 2 de febrero de 2007
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DEPORTES

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España pone en peligro su presencia en los Juegos de Pekín
El equipo de Pastor se jugará ante Islandia la séptima plaza del Mundial
España pone en peligro su presencia en los Juegos de Pekín
DECEPCIÓN. Pastor hace un gesto de contrariedad en el banquillo. / EFE
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ESPAÑA 27 - CROACIA 35
España: Hombrados (tres paradas), Juanín (3, dos de penalti), Iker (2, de p.), Raúl Entrerríos, Beláustegui (1), Tomás (6, uno de p.), Juancho (1) -equipo inicial, en defensa-, Uríos (2), Alberto Entrerríos (3), Garabaya (1), Davis (2), Chema (1), Garralda (5) y Barrufet (cinco paradas). Excluidos: ninguno.

Croacia: Jérkovic (trece paradas), Vúkic (5), Láckovic (5), Bálic (9), Métlicic (4), Zrnic (3), Vori (6) -equipo inicial, en ataque-, Súlic (3), Káleb, Dominíkovic, Spóljaric, Vúkovic, Válcic y Alílovic (una parada, de p.). Excluidos: Bálic, Dominíkovic, y Vúkic.

Árbitros: Lemme y Ullrich (Alemania).

Marcador: 3-4, 6-5, 8-7, 8-10, 11-14, 12-16 (descanso), 14-20, 16-23, 19-24, 23-27, 25-31 y 27-35.

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España rozó el bochorno y perdió un pésimo partido ante Croacia, en el que sólo Garralda mostró la mezcla de coraje y acierto exigibles al vigente campeón del mundo cuando lucha por una plaza en el Preolímpico. La selección de Pastor necesita ganar a Islandia ó Rusia (mañana, 14.00, La 2), para no quedar con un pie fuera de los Juegos de Pekín 2008.

Mientras los croatas, que tampoco estaban pletóricos tras ser claramente noqueados por Francia en cuartos de final, vivían de las genialidades de Bálic, España jugó la primera parte con una tajada monumental. Como si el recuerdo de los ya famosos árbitros noruegos Abrahamsen y Kristiansen les hubiera nublado el talento, los hombres de Pastor apenas atinaban en ataque, y menos aún en defensa (en 6-0 al principio, y en 5-1 en los últimos minutos). Ni con Raúl Entrerríos ni con Chema dirigiendo el juego; Hombrados o Barrufet en la portería; Alberto Entrerríos o Iker en el lateral izquierdo; Garralda o Beláustegui en el derecho. Y Lozano no podía arreglar el problema de los zurdos porque ni siquiera se vistió.

Los cuatro goles de diferencia en el descanso se transformaron en seis (12-18) a los dos minutos de la reanudación y a siete (14-21) poco después. Se avecinaba la catástrofe: los españoles apenas levantaban los brazos en defensa (síntoma de equipo deprimido); por el contrario, los croatas bajaban a defender a toda velocidad. En teoría, ambos equipos luchaban por asegurarse una plaza en Pekín; en la práctica, parecía que sólo a Croacia le importaba de verdad.

El desastre español se saldó con un incidente final: Barrufet y otros españoles estuvieron cerca de llegar a las manos con los croatas cuando el seleccionador croata, Lino Cervar, tuvo el poco elegante gesto de pedir tiempo muerto a falta de un minuto, con el marcador en 27-34. Era la rabia de un equipo impotente, hundido, sin coraje, que ahora debe ganar a Islandia ó Rusia, un rival inferior en teoría pero mucho más motivado.

 
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