Viernes, 2 de febrero de 2007
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DEPORTES

ANÁLISIS
Pronósticos (in)fundados
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Afortunadamente para el aficionado, se acabaron los partidos sin consecuencias irreversibles. Por fin, el deporte recuperará su forma original: el que gana sobrevive y el que pierde, paga. La formula empleada por la Liga de Empresas de Pelota Mano será a buen seguro próspera económicamente, pero puestos a inventar, la terca alternativa de la liguilla en la que ninguna pareja queda descartada, resulta complicada de entender en el marco moderno del deporte. El abnegado aficionado paga la entrada o sigue por televisión el partido, pese a que en bastantes casos no sea capaz ni de entender para qué sirve la liguilla. En definitiva, como la pelota se ha consolidado como la alternativa televisiva barata al todopoderoso balompié y la meteorología no aconseja andar en la calle paseando, pues vamos a imaginar que la liguilla nos interesa, más de lo que interesa cada uno de sus partidos. Hemos visto de todo: parejas que no acaban de carburar, tantos para enmarcar, partidos infumables, actuaciones destacadas de novatos, ex campeones ninguneados y decepcionantes actuaciones de pelotaris que lo tenían casi todo para triunfar. Por lo demás, el paseillo ha servido como escaparate rentable para el auténtico campeonato, exactamente igual que lo fueron los torneos navideños para esta liguilla. Punto y aparte.

Un famoso analista de apuestas norteamericano demostró que la gran masa aficionada a un deporte apenas superaba un 50% de acierto en los pronósticos. Lo más curioso era que entre los técnicos y periodistas especialistas en ese deporte, tampoco llegaban a un 65% de acierto en sus pronósticos. Esto deja bien claro lo difícil que debe resultar conocer - que no adivinar- quién puede alzarse con el triunfo en cualquier choque con un mínimo nivel de equilibrio. Ahora bien, de nada sirve decir que es difícil: hay que mojarse y equivocarse.

No hace falta ser un lince para ver que la promotora Aspe ha logrado en lo deportivo mejores resultados que su homónima bilbaína, presentando dos parejas con sólidas opciones al título. Los mejores, hasta la fecha, da la impresión de que han ganado apretando y aflojando como en las vueltas de entrenamiento, testando el comportamiento del motor. Yo creo que serán capaces de ir a punta de gas por las eliminatorias hasta la final. Por desgracia, el premio de pelotari revelación del torneo se puede quedar tranquilamente desierto, pese a que hay parejas que ya suman 70 años pero venden carísimas sus derrotas. Si los cañoneros de Asegarce siguen con la pólvora mojada, a la empresa le va a costar sangre, sudor y lagrimas meter una pareja en la final, y las buenas noticias desde el botiquín de Mendizorroza están tardando demasiado en llegar. La única alternativa a este proverbial retorno, recae en las parejas del tesón, del buzo de trabajo y del partido tanto a tanto. Y la pelota es tan caprichosa que aun así, a veces no basta para ganar.

Por lo tanto, como conclusión, parafraseo la sabia respuesta que la mayoría de los pelotaris han repetido a lo largo del mes de enero para preguntarles por el sinsentido previo y el posterior campeonato: la liguilla es una cosa y las eliminatorias otra bien distinta. Ahora sí, hagan juego, señores.

 
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