Bueno, pues ya he acertado la primera parte de mi pronóstico de ayer. Bien es cierto que adivinar la retirada de Gas Natural de la carrera en pos de Endesa era la parte más sencilla, pero por algo se empieza. No es la primera vez que la empresa catalana ve frustrados sus intentos de asalto de un colega energético y, a pesar de que esta vez se había preocupado de ganarse el apoyo del Gobierno, le faltó hacer lo mismo con el consejo de administración de Endesa y ofrecer a los accionistas un precio atractivo. Eso le ha llevado al fracaso.
También es un varapalo para el Gobierno que, en este asunto, lo ha hecho casi todo mal. El ex ministro José Montilla deseaba agradar a Maragall y forzó al Ejecutivo a mostrar un apoyo excesivo e innecesario hacia la propuesta catalana. Luego trató de impedir la entrada de E.on y cambió las reglas de juego de forma tan chapucera que recibió un varapalo histórico de la Comisión Europea. Más tarde negoció un acuerdo con la canciller Angela Merkel que nadie sabe muy bien en qué consiste. Sin embargo, el acuerdo por «un final feliz» con los alemanes puede acabar obteniendo el resultado formalmente acordado, puesto que parece claro que nada se opone ya a los deseos de E.on.
Las siguientes incógnitas a despejar son el precio final que ofertará -al quedarse sola no está obligada a esforzarse demasiado- y la reacción final de Acciona si los alemanes terminan mandando. También se podría especular sobre la eventual reacción de los accionistas y preguntarse si los afanes nacionalistas primarán sobre los intereses monetarios. Pero no hace falta: mandará el precio y al vender nadie preguntará la nacionalidad del comprador. Quizás mañana nos importe de dónde es el dueño de Endesa, pero hoy no. i.m.gardoqui@diario-elcorreo.com