El ex alcalde de Marbella Julián Muñoz, sobrado en operaciones de blanqueo de dinero negro, está sin blanca. A dos velas. Pelado. Ni para los honorarios de su abogado tiene una chiquita, a saber cómo se las apaña. Ni para ejercer de moroso tampoco, y eso que emergió del anonimato gracias a su poderío económico y a las arcas del Ayuntamiento que debía custodiar. Ayer se vio en el infortunado trance de explicar el origen de la que fue su fortuna. Una de dos, o fue demasiado listo para llevárselo todo o está siendo demasiado torpe para justificar su patrimonio: «Cero euros, señor juez. Es lo que tengo».
«Ha dado una explicación lógica de todo lo que ha adquirido durante su vida matrimonial -con Maite Zaldívar- y de lo que tiene en la actualidad», señala su letrado defensor, José María del Nido. Quizá en Alhaurín de la Torre, donde se prestó a colaborar en el economato de la prisión y en la cafetería de su módulo «por experiencia», se inició en la práctica de la heroica virtud del ahorro. ¿Saldrían las cuentas? Suma cien las causas pendientes por 'des-ordenamiento' urbanístico en la Audiencia Provincial de Málaga, multiplica por penas de 18 meses a dos años por asunto, resta las deudas...
Lo que a Julián Muñoz le tocó de verdad fue la vena literaria. Se enteró de que había un funcionario en la prisión que estaba escribiendo un libro y se alió con él. «Se puso en contacto conmigo. Le dije que estaba ya terminado y se me ocurrió que podía hacer el prólogo», ha contado a los curiosos José María Santos, el autor de 'Alhaurín, viaje sin retorno a la prisión de los famosos'. El hombre perdió todo contacto con el ex alcalde de Marbella cuando le trasladaron a la cárcel de Jaén y aún no le ha enviado un ejemplar, pero lo hará.
«Sé que a esa basura mediática le gustaría que me fusilaran», se expresa el que fuera camarero, político, preso ilustre y ahora prologuista, 'Cachuli', en la introducción. «Cualquier persona de la calle que jamás haya pisado una cárcel tendrá en mente la imagen, tan peliculera, del funcionario de prisiones, porra y esposas en mano, repartiendo leña a diestro y siniestro. Mas esa idea es tan irreal que choca frontalmente con la realidad», escribe Muñoz, quien, pese a dar una visión algo idílica de la vida entre rejas, deja en buen lugar al autor del ensayo. Por lo visto, ha sido una colaboración gratuita. Eso que Muñoz no está para gastos.