La actriz Mariví Bilbao Goyoaga, ayer a las 20.00 horas: «Estoy en mi casa de Bilbao y claro que he apagado las luces. No es que yo crea mucho en estas cosas, pero si es a nivel mundial... Lo peor es que me ha pillado sin una puta vela, bueno, al menos tengo mi cigarrito, porque el tabaco no importa, ¿no? Oye, con esto del apagón, ¿no saldrá la gente a chorizar? Ah, que sólo apagan monumentos...».
Lo que en un principio parecía que iba a ser una tontería, otra de esas iniciativas en pro de alguna utopía solidaria, se convirtió al final, y gracias al contagio por Internet y los móviles, en una propuesta, si no de ámbito mundial, sí al menos europeo, secundada en España por miles de ciudadanos que dejaron una huella de mil megavatios hacia abajo en la curva de consumo de la Red Eléctrica Española, similar al ahorro que supuso el parón de protesta por los atentados del 11-M. Pero no quedó ahí la cosa, ya que el verdadero éxito de la convocatoria fue que la presión mediática obligó a los políticos a participar de la movilización que iba dirigida hacia ellos. Su contribución consistió en dejar a oscuras el corazón de las ciudades que gobiernan y en hablar de la importancia del calentamiento global.
El escritor Ramiro Pinilla, en su casa de Algorta: «A esta hora suelo estar escribiendo, pero mis maravillosos libros pueden esperar. Apagaré las luces y encenderé unas velas. Auque ahora nos parezca un juego, en diez años seremos conscientes de lo que pasa».
La primera institución española en posicionarse a favor de la iniciativa -nacida en Francia a través de la Alianza por el Planeta- fue el Ministerio de Medio Ambiente. Y eso que la ministra Cristina Narbona se encontraba en el preciso momento del apagón viajando desde Gerona a Madrid en avión, paradójicamente una de las más importantes fuentes de emisiones de CO2. Tampoco pudo ejercer su derecho a apagar la consejera vasca de Medio Ambiente, Esther Larrañaga, a la que el corte voluntario de energía le pilló en el coche.
Así que, por la presión de la ciudadanía y los medios de comunicación, buena parte de las instituciones se vieron empujadas a sumarse a la propuesta en el último momento, anunciando que apagarían las luces de algunos de los edificios más representativos de sus ciudades: la torre Eiffel de París, el Atomium de Bruselas... Algo más cerca, la Puerta de Alcalá en Madrid, la Generalitat en Barcelona, la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia, la Alhambra de Granada, la Giralda de Sevilla...
Web colapsada
En Bilbao -su alcalde, Iñaki Azkuna, se encontraba en el coche-, se fundieron con la oscuridad el teatro Arriaga, la estatua de Don Diego López de Haro, el Sagrado Corazón, la extrailuminada plaza Indautxu -donde se reforzó la seguridad- y las fachadas de los polideportivos. En Vitoria, dejaron de verse el museo Artium, la calle Dato y la Plaza de la Virgen Blanca, mientras el regidor del consistorio, Alfonso Alonso, apagaba su casa y con una linterna explicaba aquello a sus hijos. En San Sebastián fue asombrosa la 'desaparición' del Kursaal, mientras Odón Elorza se daba un respiro en la oscuridad del despacho.
En el fondo daba igual el ahorro conseguido, era algo simbólico. Aun así, la página web de la Red Eléctrica Española (www.ree.es), que muestra en tiempo real el consumo de energía, se colapsó a eso de las 19.57 horas y ya fue imposible acceder a ella en un buen rato, ni siquiera la REE podía verla: «Ha debido entrar España entera», decían en el gabinete de prensa a eso de las 20.10 horas. Lo cierto es que en el instante en que se apagaron las luces de miles de hogares en España, la curva amarilla que representa el consumo dibujó de pronto una vertical hacia abajo. Finalmente, la REE confirmó que el ahorro se tradujo en 1.000 megavatios menos de los que se estaban consumiendo minutos antes (unos 40.800). Y aunque algunos advertían de que un apagón generalizado podría provocar problemas, finalmente el descenso fue «asumible».
Esos mil megavatios menos son los que consumen más de 200 familias durante dos meses. Éste es el cálculo de Pablo Cotarelo, coordinador de Energía de Ecologistas en Acción: «El ahorro es algo anecdótico, lo grandioso es el grado de difusión que ha alcanzado la iniciativa. El objetivo era que la gente y los medios presionaran a los políticos y, aunque sea para quedar bien, éstos han respondido».