En la antigua China, hace más de 4.000 años existían templos donde las personas se reunían para reír con la finalidad de equilibrar la salud. En el siglo XXI, ocho instalaciones municipales de Vitoria -cinco centros cívicos y tres de jubilados- organizan cursillos trimestrales de risoterapia. Cientos de vecinos de la capital alavesa acuden a esas clases con un único fin: «aprender a recuperar la risa» para afrontar mejor el estrés y los agobios de cada día.
Aunque se nace llorando, los bebés son capaces de esbozar una sonrisa a los pocos minutos de llegar a este mundo. Después, un niño sano se ríe hasta 300 veces al día. A medida que pasa el tiempo, se acumulan problemas y malos recuerdos, así que soltar una carcajada es cada vez más difícil, pese a que los expertos resaltan las bondades terapéuticas de una práctica que no cuesta dinero.
«Los médicos, los psicólogos y los psiquiatras hablan del beneficio de la risa. Por eso, hace unos cuatro años nos pareció interesante introducir de forma experimental la risoterapia en la programación municipal de algún centro cívico», comenta el concejal de Presidencia, Alfredo Iturricha. La iniciativa logró tal éxito que en la actualidad hay clases de carcajadas en cinco de estos equipamientos y en tres recintos socioculturales de mayores.
«Desde luego, estos cursos no sirven para superar una depresión. No son una terapia de grupo. Esto debe quedar claro. Simplemente pretenden ayudar a las personas a adquirir unas pautas para afrontar la vida con mejor humor», explica el psicólogo y responsable municipal de Programas Comunitarios, Antonio Ruiz.
Rejuvenece
¿Por qué hay que reírse? Los expertos no tienen dudas acerca de los beneficios que reporta para la salud. Científicamente, se ha comprobado que la risa franca -no fingida- aporta múltiples beneficios: rejuvenece, rebaja el estrés, las tensiones, la ansiedad, la depresión y los problemas cardiovasculares y respiratorios.
Y es que con una serie de carcajadas como es debido se ejercitan cerca de 400 músculos, se estira la columna vertebral -donde por lo general se acumulan las tensiones-, se eliminan toxinas, se lubrican los ojos con lágrimas y se despejan la nariz y el oído.
Por si fuera poco, entra el doble de aire en los pulmones, de ahí que la piel se oxigene más. En definitiva, la risa no provoca arrugas. Muy al contrario, tonifica el rostro y contribuye de forma eficaz a ver la vida de otra manera porque permite liberar una gran cantidad de endorfinas, una sustancia responsable en gran parte de la sensación de bienestar.
Los vitorianos han tomado buena nota de estos beneficios. Cerca de setecientos -en un 75% mujeres- demandan cada año una plaza, lo que obliga al Ayuntamiento a hacer un sorteo para repartirlas porque las peticiones triplican la oferta. La edad media de los asistentes está entre los 45 y 48 años. En estas clases, se adquieren conocimientos sobre esta terapia y se ponen en práctica una serie de ejercicios para tomarse la vida un poco a risa.
m.j.carrero@diario-elcorreo.com