Sábado, 3 de febrero de 2007
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ÁLAVA
«Duermo mucho mejor»
Nueve mujeres y un hombre se ejercitan cada miércoles en el centro de Ariznabarra para afrontar el día a día de forma optimista
«Duermo mucho mejor»
TOCA HACER DE PAYASO para provocar la risa del equipo contrario y gana quien lo logra.
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«Me llamo Arantza Álvarez y soy la monitora». Dicho así resulta una presentación de lo más convencional. Si la frase se acompaña de exagerados movimientos de mandíbula como imitando a un camello, la cosa cambia. ¿O no? Intente hacerlo con su familia, sus amigos o sus compañeros de trabajo. Lo más probable es que terminen a carcajadas.

Este sencillo juego es el primero de una serie de ejercicios que el taller de risoterapia del centro cívico Ariznabarra pone en práctica un día a la semana. Es miércoles 31 de enero, siete y media de la tarde. Nueve mujeres de edades dispares y un hombre joven se reúnen durante hora y media con la sana intención de olvidarse del ajetreo del día.

Arantza Álvarez ha arrancado la sesión con una pequeña charla sobre la risoterapia, su historia y sus efectos y los mecanismos que existen para tratar de restar seriedad a la vida. Después de la teoría, toca pasarlo bien. «Cuando uno se ríe, ensancha los pulmones, con lo que entra más aire al cuerpo y se mueven las sienes», recuerda la monitora para animar a sus alumnos a desinhibirse.

El segundo juego es un completo follón de fraternales besos y abrazos que se van pasando los participantes hasta que el lío es de tal calibre que no queda más remedio que romperse a reír. Sin tiempo para recuperar el aliento, es el momento de colocarse una nariz roja para hacer de payasos. Gana el equipo que consigue arrancar una risa a los contrarios. No es nada fácil.

A continuación, hay que irse pasando una pelota de tenis colocada entre el cuello y el hombro. Poco después, Luismi se proclama campeón de una alocada carrera en busca de un prenda supuestamente rebajada que todo el mundo quiere coger. El último ejercicio consiste en aferrarse al suelo con la toda la fuerza para impedir que le den la vuelta a una figurada tortilla de patatas. El taller concluye con unos minutos de silencio y relajación.

«Los días que vengo al taller, duermo mucho mejor. Me he apuntado a la risoterapia porque tiendo a tomármelo todo muy en serio. Lo que se trata ahora es de llevarlo a la práctica en la vida diaria», dice Judith, una joven mamá algo tímida. Y Encarni añade: «Jugamos como los críos. A mí me sirve para desconectar».

Merche siempre se ha considerado «una mujer alegre», pero de un tiempo a esta parte notaba que cada vez se reía menos, así que se apuntó al taller. «He oído que las carcajadas son buenas para la salud», remata su explicación.

 
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