El patio del instituto de Llodio se quedó pequeño para acoger a la riada de gente que ayer disfrutó de la feria de San Blas en Llodio. La protagonista de la jornada fue, sin duda, Tomasa VII, una cerda de dimensiones colosales. No en vano, tras la txarriboda, pesó colgada más de cuatrocientos kilos. Decenas de teléfonos móviles se desplegaron en torno a ella para captar las hechuras de un ejemplar poco común.
Una de las novedades de la jornada fue el pasacalles, desde la antigua residencia de ancianos hasta el patio del instituto en un carro de bueyes, después de su sacrificio en el matadero municipal. La espera resultó de lo más amena para los visitantes, gracias a una demostración de deporte rural, a los puestos de talo y sidra o txakoli y los de los más de veinte artesanos que se congregaron en el patio cubierto del instituto.
María Orive de Vitoria acudió a su cita anual con San Blas para vender unos curiosos sacos de tela rellenos de centeno y trigo.«Se calientan durante dos minutos en el microondas y te dan calor durante una hora», explicó.
Concurso de txarripatas
En la sección de varas de avellano, Ángel Azkarbebeitia tuvo algunas dudas a la hora de tomar su decisión. «Están bien de color, tienen muchas pintas, pero también bastantes nudos y algunos son ásperos al tacto».
En la sección de productos del caserío, el puesto de legumbres llamó la atención de los visitantes. «Tenemos lentejas rojas, verdes y amarillas y alubias de todo tipo, aunque a mí me gusta mucho la verdina. Es muy rica», explicó Aitor López mientras se movía entre las 41 variedades distintas de legumbres que presentó ayer en la feria llodiana.
En el concurso de txarripatas, Ester Bolaño, de Llodio, se llevó el primer premio. Según admitió el jurado, las 37 cazuelas que concurrieron en esta edición era «más grandes, pero en general estaban un poco sosas».