Domingo, 4 de febrero de 2007
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ÁLAVA
Paseo entre meandros
Vitoria celebró el Día Mundial de los Humedales con una visita guiada por el Zadorra, entre Eskalmendi y Gamarra
Paseo entre meandros
Caminantes sobre el cauce creado para evitar inundaciones. / I. O.
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El río Zadorra nunca ha tenido el mismo protagonismo que el Sena en París o el Danubio en Viena. Más bien, todo lo contrario. Los vitorianos siempre le han dado la espalda y han ignorado un valioso ecosistema. Sin embargo, todo eso quedó ayer en el olvido.

Y es que el Centro de Estudios Ambientales (CEA) organizó una visita guiada, con motivo del Día Mundial de los Humedales, a través de los meandros de ese 'gran desconocido'. Dos educadores ambientales guiaron a catorce personas hasta los puntos estratégicos del río.

La primera parada fue la desembocadura del Alegría en el Zadorra. Llegar hasta la orilla no fue nada fácil para los visitantes, que tuvieron que alcanzarla con los ojos vendados. «Prestad atención a lo que oís y oléis e intentad crear una imagen del río», explicó uno de los guías, Jaime Ortiz de Urbina. «¿Vamos a ser los primeros ahogados del Zadorra!», gritaban algunos. Finalmente, no hubo ningún percance y, una vez retiradas las vendas, pudieron comprobar si lo imaginado era cierto o no.

En ese instante, comenzaron las preguntas sobre la situación del río. «En la década de los sesenta se hizo una canalización para ampliar las fincas de alrededor. El cauce se hizo recto, evitando los meandros, con el peligro que ello conllevaba», explicó Gorka Belamendi, técnico del CEA. Recordó que, debido a la obra, aumentó la velocidad de la corriente y se creó un tapón que provocaba inundaciones.

Las riadas

Precisamente, las riadas siempre han sido la mayor preocupación de los vitorianos. Por ello, el Ayuntamiento, en colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente, llevó a cabo un plan especial de defensa contra las inundaciones. «Los desbordamientos son algo natural y es imposible evitarlos», aseguró Mariví Corres, otra de las guías. Por ello, explicó, el proyecto intenta mejorar la capacidad de desagüe del cauce.

Pero a los excursionistas lo que les inquietaba era la calidad del agua. «En los últimos años, está mejorando, pero es muy difícil evitar que haya algún vertido», reconoció Ortiz de Urbina. Por ahora, el gran paso ha sido devolver al Zadorra su importancia, que no es poco.

 
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